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El matrimonio nica-tico
Alberto L. Alemán Aguirre
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Como muchos otros temas de las relaciones internacionales de Nicaragua, esta estratégica relación parece estar muy descuidada, sin ser alimentada de iniciativas innovadoras y sufre del descuido que resulta de la prioridad exclusiva y personalista que el Gobierno Ortega-Murillo da a su alianza con Hugo Chávez.

¿Cómo están las relaciones con Costa Rica? Pues, allí van, podría decir uno tras encogerse de hombros y respirar hondo.

Como muchos otros temas de las relaciones internacionales de Nicaragua, esta estratégica relación parece estar muy descuidada, sin ser alimentada de iniciativas innovadoras y sufre del descuido que resulta de la prioridad exclusiva y personalista que el Gobierno Ortega-Murillo da a su alianza con Hugo Chávez, aun a costa de otras amistades internacionales que son imprescindibles para un país pequeño .

Pero tampoco la administración Arias está exenta de sus propios “pecadillos”. El flamante Nobel tico ama mucho figurar en los grandes salones internacionales y se olvida del entorno natural e inevitable de Costa Rica: Centroamérica.

Por fortuna, la disputa por la interpretación de los derechos de navegación en el río San Juan —que tanto envenenó la relación por años— está en la Corte Internacional de La Haya y no está incidiendo negativamente.

El hecho de que los dos presidentes vuelvan a encontrarse en el tiempo como mandatarios, en vez de ser una fuente de fricciones debería ser una inapreciable oportunidad para mejorar la cooperación bilateral.

Sin embargo, Daniel Ortega y Oscar Arias no han podido evitar animosidades y viejos rencores del tiempo de las Cumbres de Esquipulas, aunque esas actitudes privaron sobre todo al inicio del mandato de Ortega y luego se calmaron.

Por el clave negocio del petróleo venezolano y la entrega en cuerpo y alma de la pareja presidencial al proyecto chavista en el continente, la relación con Venezuela es muy importante. Creo que sólo es estratégica desde el punto de vista de los intereses político-económicos de los Ortega-Murillo y de la cúpula sandinista. El precio del crudo venezolano es de mercado; lo único favorable son las condiciones de pago; pero, dado el secreto ilegal que rodea esta operación, no tenemos una idea real de los beneficios. Éstos se ven oscuros y de tipo clientelista.

Además, nuestro país tiene dos relaciones estratégicas bilaterales: Estados Unidos y Costa Rica.

El Gobierno de Ortega, al igual que los gobiernos “neoliberales” a los que achaca todos los males, ha hecho muy poco para encontrar respuestas amplias al grave problema migratorio. Ese medio millón de nicaragüenses en el vecino país no son una responsabilidad exclusiva de éste ni tampoco podemos exigirle que toda la vida nos sirva de válvula de escape.

Se trata de encontrar soluciones que permitan que decenas de miles regresen a trabajar a Nicaragua; que se legalicen y disfruten de derechos sociales y laborales allá; y se trata de darles una protección jurídica adecuada ante los abusos de empleadores inescrupulosos. Al menos.

No bastan pequeños acuerdos en los que se tramitan unos miles de permisos de trabajo. Es cierto que el boom de la construcción en Costa Rica ofrece una oportunidad para muchos nicas desempleados, sin embargo, eso no es una política de apoyo al migrante.

Desafortunadamente, el Presidente se muestra angustiado por miembros de grupos terroristas como las FARC y no ha mostrado ningún interés en los migrantes en Costa Rica y EE.UU.

Como parte afectada, los vecinos han hecho mejor sus quehaceres y se espera pronto una nueva ley de migración, supuestamente muy moderna, según el director de la cartera, Marcos Zamora.

Expertos técnicos de las cancillerías se acaban de reunir en Liberia para preparar la VII reunión binacional de agosto. Asimismo, evaluaron los acuerdos de la anterior, celebrada en Granada en marzo. Hubo avances en temas como permisos migratorios, comercio, cooperación transfronteriza y otros, según fuentes allegadas al encuentro.

No hubo adelantos en asuntos como la protección del medio ambiente. Y aquí se ve a veces una paradójica ambigüedad (¿hipocresía?). Costa Rica se vende como amante de la ecología y la naturaleza, sin embargo, su industria sigue contaminando los afluentes del San Juan y, por ende, nuestro río. La parte costarricense se sigue negando a discutir con Nicaragua la concesión minera de Las Crucitas, pese a que afecta al San Juan. “Asunto interno”, dicen los ticos.

En economía a los ticos no les va mal. En los primeros 5 meses del año exportaron US$779 millones al istmo. A Nicaragua le vendieron US$172 millones, un aumento del 27 por ciento con respecto al mismo período de 2007.

Nuestro matrimonio no es de amor, es de conveniencia y forzoso. Y no va tan mal, pero dista mucho de acercarse al potencial que tiene.

Analista de temas internacionales.

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