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La marcha cívica
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Los organizadores de la marcha cívica de hoy en Managua están optimistas y por lo tanto seguros de que la respuesta de la ciudadanía a su convocatoria será masiva y exitosa. Esperamos que así sea, porque esta marcha es para demandar a los poderes públicos, que respeten el pluralismo político y la institucionalidad democrática del país; es una movilización para rechazar el plan de Daniel Ortega de restaurar la dictadura; y es una protesta contra la mala política económica del Gobierno, que está azotando a toda la población sin excepción de ninguna clase.

Sin duda que esta marcha cívica tiene una naturaleza fundamentalmente política, pero no es de carácter partidista, no obstante que participen en ella dirigentes, miembros y simpatizantes de los diversos partidos políticos democráticos, quienes dicho sea de paso tienen la obligación ciudadana y moral de participar en ella.

Estamos claros de que los representantes de los poderes públicos prostituidos y de los partidos pactistas, de todas maneras acusarán a los organizadores de la marcha cívica, de que están al servicio de otros partidos políticos y que son financiados por la oligarquía de derecha y el imperialismo. Pero lo importante no es lo que digan los pactistas, sino lo que piense la ciudadanía democrática y lo que hagan las organizaciones de la sociedad civil que han convocado a la marcha cívica.

La verdad es que si esta movilización popular fuese partidista, no habría ninguna razón para ocultarlo y negarlo. La gente que lucha por la libertad, la democracia, la justicia y la transparencia no oculta sus objetivos ni usa procedimientos engañosos. Además, los partidos políticos tienen el derecho, consagrado en las declaraciones de Derechos Humanos y protegido por la Constitución de Nicaragua, de realizar manifestaciones públicas no sólo durante las campañas electorales sino todo el tiempo.

Por otro lado, es cierto que siempre hay partidos que tratan de aprovecharse de las movilizaciones políticas no partidistas de la sociedad civil. Pero ante esto, lo que deben hacer los representantes de la sociedad civil es cerrar la posibilidad de que sus movilizaciones sean manipuladas directa o indirectamente con fines partidistas. Esto, repetimos, independientemente de lo que digan los representantes de los poderes públicos prostituidos, quienes de todas maneras van a denigrar la marcha cívica y a difamar a sus organizadores.

En todo caso, los ciudadanos democráticos tienen derecho y deber de movilizarse cívicamente en defensa de la libertad y de la democracia, de protestar contra los abusos de poder, de rechazar el pacto prebendario, de luchar por el restablecimiento de la institucionalidad democrática y de abogar por la sanidad ética y eficacia de los poderes públicos. Los ciudadanos conscientes deben manifestarse contra la corrupción gubernamental y por la transparencia de la administración pública, contra las políticas económicas que cierran o restringen las posibilidades de hacer negocios y hambrean a la población, y en fin, contra todo lo malo que hace el actual Gobierno y por todo lo bueno que es necesario hacer para sacar al país de la deplorable situación en la que se encuentra.

Por eso es muy importante que la marcha cívica sea verdaderamente exitosa, no porque creamos que Daniel Ortega se conmoverá ante una demostración masiva de rechazo, y mucho menos que por eso va a cambiar el rumbo desastroso por el que está llevando al país. La movilización ciudadana es muy importante y necesaria, primero porque protestar contra la arbitrariedad, el abuso de poder, la injusticia y el mal gobierno en general, es una necesidad humana, un derecho cívico y una obligación moral; segundo, porque a los malos gobernantes que se han adueñado del país hay que hacerles saber que la mayoría de la población no se somete a ellos ni a nadie, y que más bien está dispuesta a defender como sea sus espacios de libertad, sus derechos democráticos y su legítima aspiración a una vida mejor. Y tercero, porque es necesario ejercitar el músculo de la lucha cívica popular, a fin de prepararse para las grandes y decisivas batallas políticas que vendrán si los pactistas insisten en su plan perverso de restaurar la dictadura.

Dicen que los malos son fuertes e invencibles sólo cuando los buenos se acobardan y se mantienen indiferentes y pasivos. Es cierto. Por eso es necesario estimular el espíritu combativo de los ciudadanos y nada mejor que las marchas cívicas para hacerlo.

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