Un color gris cubrió el cielo en Viena, y en un escenario casi de terror, con truenos y la lluvia más fuerte que ha sacudido a la ciudad en los últimos días, ahí, España renació nuevamente y se mira de nuevo en la final de la Eurocopa.
¿Y la magia de Hiddink? No alcanzó para las semifinales. Roman Pavlyuchenko y Andrei Arshavin no encontraron la forma de lidiar con Iker Casillas, una vez el arquero español voló como las águilas para desviar el balón que ponía en peligro su portería.
Los españoles invadieron la capital de Austria y adornaron el estadio de colores rojos y amarillos. Un hombre vestido de torero se mofaba de los rusos, un “olé” se cantaba de forma coral cuando la Selección de Luis Aragonés empezó a tomar fuerza ante los rusos.
Príncipes
Desde el palco, estaban los príncipes de Asturias. Letizia cruzada de piernas, casi conteniéndose las ganas de gritar, de saltar como toda la afición festejaba en el momento.
Era el tiempo de resucitar y de consolidar el último paso para alcanzar la final del torneo.
“Olé, olé, ¡gol!”, gritaron los españoles. Las banderas y los cantos se mezclaron.
Hiddink estaba desconcertado, había jurado la revancha y el pase a la final, pero España le repitió la dosis de la primera ronda.
Tres dianas, de tres piezas importantes, dos habilitadas por cerebros del medio campo, Fábregas e Iniesta. Por primera vez Aragonés lucía una enorme sonrisa, una de esas que expresan satisfacción, felicidad. Se abrazó con todos sus jugadores, pero está consciente de que aún falta la última prueba para llegar al trono.
Alemania contra España, cerrarán el último capítulo de la Eurocopa 2008.