A Alemania ciertamente le costó mucho meterse en el partido ante Turquía, debido al arrollador ritmo que impusieron los otomanos desde el principio.
Quienes pensaron que los germanos cedían el balón, pero no el espacio, para agarrar luego agotados a los turcos, notaron que Turquía dominaba porque había robado la iniciativa.
Pero una vez más, esta Alemania, que sigue en deuda con su juego, recurrió a su resistencia y sobre todo a su eficacia, para mantener a salvo la victoria.
Y es que como dijera el general MacArthur, “nada sustituye a la victoria” y los alemanes diseñan a sus equipos para ganar, sin darle mayor importancia al asunto estético.
Esta tropa, que ahora está en la final de la Eurocopa y que busca el cuarto título de su historia, ha mostrado alteraciones en su nivel, pero ha sido consistente en el éxito.
Tras una imponente demostración ante Polonia, derrotada 2-0, Alemania se trabó 1-2 ante Croacia y le ganó sin mayor brillo 1-0 a Austria, para sellar su boleto clasificatorio.
Pero cuando la exigencia se fue al máximo, se le vio realizar su mejor presentación ante Portugal, al que derrotó 3-1, mostrando solidez y un juego atractivo a los ojos.
En el duelo de semifinal, los que maniobraron con precisión, articularon bien su juego y excitaron con su ritmo, fueron los turcos, pero los que ganaron fueron los alemanes.
“Sabemos que no hemos estado al mejor nivel, pero hemos ganado y eso es lo que cuenta”, admitió el técnico de Alemania, Joachim Loew, tras la victoria 3-2 ante los turcos.
La Alemania de esta Eurocopa, en presentaciones como la mostrada ante Turquía, no se parece propiamente el plantel ofensivo que fue edificando Jurgen Klinsmann.
Loew ha enfatizado en el estilo habitual de los alemanes, que pone el mayor énfasis en la disciplina táctica, con roles claramente definidos, pero manteniendo a salvo el marcador.
Es la Alemania comprometida con el éxito, que resiste, que agobia al oponente y le hace creer que le dará una oportunidad, pero que cuando menos lo espera, le hala la guillotina.
Es la tropa que produce resultados, aunque sean otros los que jueguen bonito, y que además sabe que las finales son para ganarse, porque la historia la escriben los triunfadores.
Ahí están los alemanes, pensando en su cuarto título de Europa, mientras Holanda y Portugal miran los juegos por televisión.