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El zopilote de oro
Francisco Javier Gutiérrez
El autor es ecólogo
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En enero de este año, en un programa matutino de entrevistas de los que a diario fomentan el aburrimiento en la televisión nacional, Dora María Téllez con su ironía siempre hilarante rompió el tedio al proponer para los corruptos miembros de la Corte Suprema de Justicia un premio: A esta gente —dijo ella— le deberíamos dar el Zopilote de Oro. El día anterior los zánganos de la CSJ sin el menor pudor habían hecho trizas la Constitución, derogando de oficio varias leyes, impidiendo la creación de las mismas en la Asamblea y legalizando artificialmente esas odiosas prótesis sociales conocidas como los CPC.

Para infamia del país ese mismo día Pedro Joaquín Chamorro cumplía 30 años de haber sido asesinado por la libertad de Nicaragua. De esa forma tan despreciable los llamados magistrados deshonraban su memoria y despejaban el camino para que Daniel Ortega pudiera gobernar por decreto y ensayara sus arremetidas dictatoriales en perjuicio de la democracia. Es obligatorio recordar aquí también que entre otras fechorías, la misma Corte ya había desatendido descaradamente la cooperación judicial solicitada por Panamá en el juicio contra Alemán y sin un abracadabra que nos alertara ¿dónde quedó la bolita? habían hecho desparecer 609 mil dólares del dinero incautado al narcotráfico.

Hace 30 años también Dora María fue la única mujer que participó en la espectacular toma del Palacio Nacional, donde ¿adivinen qué? legislaban unos diputados que obedecían a Somoza como hoy le obedecen a Ortega muchos en la Asamblea Nacional. Con sólo 21 años la comandante "dos" pudo negociar exitosamente el desenlace de la acción, algo que parecía imposible frente al poder tiránico de Somoza. Gabriel García Márquez la describiría luego como "una muchacha muy bella, tímida y absorta, con una inteligencia y buen juicio que le habrían servido para cualquier cosa grande en la vida".

El asalto al Palacio asombró al mundo por su audacia y demostró también que la sangrienta dictadura de Somoza no era invencible. Pero nadie pudo imaginar entonces que tres décadas después la heroína de esa gesta luchara de nuevo con una huelga de hambre contra uno de los liberados. Junto a otros guerrilleros presos del FSLN, Daniel Ortega obtuvo su libertad por la acción heroica de Dora María. Desde entonces por muy irónico que parezca se ha convertido en un personaje nefasto para la historia del país. Unas veces gobernando desde arriba y otras desde abajo Ortega ha retrocedido la economía nacional a la Edad de Piedra e intenta con la colaboración de una dirigencia política en completo estado de descomposición instalar otra dictadura en Nicaragua.

La protesta que arriesga la vida de esta mujer admirable, inyecta un aliento de esperanza al postrado espíritu del pueblo de Nicaragua, que en su mayoría sobrevive en la miseria sofocado por el peso de la corrupción política. El noble y generoso acto de Dora María desnuda por completo la hipocresía de la que todos hemos formado parte y al mismo tiempo nos reta a dejar de ser simples espectadores de la tragedia nacional.

La maldad que hoy gobierna a Nicaragua es pura, carece de conciencia, de ética y de barreras morales. Como diría José Saramago, el Mal Ladrón es un hombre rectísimo a la par de esta gente, porque le sobró conciencia para no creer que un minuto de arrepentimiento iba a borrar toda una vida de violaciones, asesinatos y robos. A la pareja presidencial no hay forma de regresarla a sus cabales, sus ansias de poder y la codicia que los mueve son de una patología que supera cualquier tratamiento intensivo de electrochoques.

Se van a necesitar muchas huelgas y paros. Mucho empeño y sacrificio si queremos recuperar el país para todos, si queremos recuperar las oportunidades que nosotros y nuestros hijos ya perdimos. El autoritarismo y la agresiva mediocridad con que esta gente abusa del poder deja cualquier diálogo en la categoría de una herramienta inocua. En la cima del escarnio Arnoldo Alemán ha propuesto a su propio abogado para la Corte Suprema de Justicia. Me pregunto quién será el próximo Procurador General ¿Mefistófeles?

Yo me imagino que el Zopilote de Oro debe ser una figura horrenda, una especie de anti Oscar que representa la forma ruin y repugnante en que se alimentan todos los que sobreviven y reptan a la sombra del clan Ortega-Murillo. Los políticos, magistrados, diputados, funcionarios y empleados menores que han hundido a Nicaragua por servir al pacto ya tienen uno. Y si todos los nicaragüenses permanecemos de brazos cruzados viendo hacia abajo, nos habremos ganado cada uno de nosotros un zopilotito.

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