Una marea roja cubrió el extremo derecho del estadio de Basilea. Un bullicio al otro extremo hacía contraste y gritaban el nombre de Jens Lehmann.
Un cielo despejado cubrió el primer encuentro de la semifinal de la Eurocopa y las estrellas bajaron del cielo para hacer presencia en el campo de juego.
Unidos en contra del racismo fue el lema que acompañó al arranque del partido. Fue un encuentro lleno de emociones, casi no apto para cardíacos.
¡Gol!, y despertó la barra alemana, un poco más tranquila con el entonces empate 1-1; y la Canciller Merkel dio un salto de alegría, abrazó a Plattini y se olvidó. Alemania aún tenía vida e inspiración para el triunfo.
El sentenciador, Miroslav Klose, fulminó las redes de Turquía y le dio la ventaja a Alemania. Pero, una vez más, apareció el Semih Sentürk a sólo escasos cuatro minutos de finalizar el partido, y empató 2-2.
Un aficionado extasiado por el gol de Turquía salió de la nada e invadió el campo. Tuvo sus cinco segundos de fama, y luego fue devuelto a las tribunas por el personal de seguridad.
Sin embargo, el sueño no se logró completar y las sonrisas se convirtieron en lágrimas para la tropa roja. Philipp Lahm recorrió la banda izquierda, dirigió el balón a los pies de Thomas Hitzperger y éste devolvió para Lahm.
La jugada terminó en gol.
“Finale, finale, lo, lo, lo , lo , lo, lo”, se cantó en todo el estadio. Alemania está otra vez en la final de la Eurocopa.