España ha pasado de una euforia desbocada a una visible cautela. Quizá porque aunque está a un paso de la final, ha notado que objetivamente no tiene nada.
“Pasaremos a la historia si obtenemos el título. De lo contrario, no”, ha reconocido Iker Casillas, formidable portero, en cuyas manos se detuvo la pretensión italiana de eliminarlos.
Rusia, en tanto, pasó de ser un grupo de muchachos llenos de dudas, a un equipo con pretensiones, compacto, que sacó del camino al que encontró para meterse en las semifinales.
Luego de la paliza recibida ante España 4-1, Rusia le ganó con sufrimiento y sin futbol a Grecia, pero desde la inclusión de Andrei Arshavin, el club se transformó en amenaza.
Eso quiere decir que el duelo inicial entre ibéricos y rusos es útil sólo en términos de experiencia, pero que ambas tropas van a una batalla que podría inclinarse a cualquier lado.
A España se le ha conocido por no cumplir sus promesas. No gana un torneo desde 1964, y pese a llegar a la final en 1984, perdió la batalla por el título. Ahora intenta restituir su credibilidad.
¿QUÉ VAMOS A VER?
Rusia por su parte, ganó la primera Euro en 1960 y aunque luego avanzó a cuatro semifinales más, jamás pudo alzar el trofeo. De modo que también tiene un chance de acabar el ayuno.
Una ventaja ahora, es que tanto Luis Aragonés como Guus Hiddink, los técnicos de España y Rusia, respectivamente, dan énfasis al futbol ofensivo.
Eso significa que la emoción está garantizada, porque veremos dos equipos que saben tocar y tejen sus jugadas desde atrás con arte y que no dependen del pelotazo para anotar.
Villa, Torres y Silva han mostrado mucha coordinación adelante, con Iniesta y Xabi haciendo su labor de proveedores, mientras Fábregas y Cazorla dinamizan cuando el cansancio asoma.
En Rusia las miradas están sobre Arshavin, un jugador de peso, que junto a Yuri Shirkov ha formado una dupleta mortífera, mientras Pavlyuchenko se encarga de halar el gatillo.
Arshavin cambió a Rusia, que ahora toca más ras del piso, que sabe explotar las bandas sin dejar de circular por el medio, mientras el chavalo del Zenit crea opciones de gol en diminutos espacios.
Quizá lo importante es que España tiene su cita con la historia, plagada de fracasos y escasa de éxitos. Y Rusia, con un equipo sin complejos, intenta acabar el ayuno. Eso puede permitir un excitante choque.