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Empeño enfermizo de la impunidad
Freddy Potoy Rosales
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La desesperanza y desolación que se experimenta producto del empeño enfermizo de la impunidad del presidente Daniel Ortega Saavedra, su esposa Rosario Murillo y su séquito, no debe impedir que siga la batalla contra este grupo con ínfulas totalitarias que manipula las necesidades y el pensamiento de la población. Además, mienten y ofenden sin que ningún ciudadano que no sea orteguista pueda recurrir a las instancias correspondientes para demandarlos.

La soberbia de Ortega, Murillo y los ex miembros de la tenebrosa Seguridad del Estado (que ahora para seguir imponiendo el terror, algunos de ellos cuando salen a caminar o visitan lugares públicos, se hacen acompañar de hombres armados con pistolas y/o fusiles AK dispuestos a matar a cualquier ciudadano) es inmensa, pero algún día terminará esta barbarie. Afortunadamente males como éste no son eternos.

A esto sumen jueces y magistrados cercanos al trono de injusticia e impunidad dispuestos a encarcelar por disentir o exigir derechos establecidos constitucionalmente.

Además, el abuso de poder y la prepotencia con que Ortega y sus funcionarios de gobierno se expresan cuando confirman que están usando los recursos del Estado para acompañar a los candidatos a alcaldes de su partido, es ofensivo para quienes pagan sus impuestos al fisco con el ánimo que el dinero sea utilizado en el bien común y no para grupos de seguidores del mandatario.

Y todavía le dicen a quienes los critican: “Sí, los estoy usando ¿y qué?”. Estos señores no tienen el mínimo respeto a las normas del Derecho Administrativo y Penal, y seguramente se atienen a que en la Contraloría General de la República (CGR) y en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) el partido gobernante tiene contralores y magistrados al servicio de un caudillo y su cortejo.

Sobre este punto, ahora ningún contralor ve que los funcionarios sandinistas usan recursos del Estado y que en vez de estar trabajando, andan felices haciendo política y por eso ganan jugosos salarios. Eso es corrupción.

Ortega y su grupo tampoco están interesados en respetar el Derecho Constitucional refrendado en nuestra Carta Magna, ni la voluntad del pueblo nicaragüense que cada día enfrenta serios problemas económicos e incertidumbre por el rumbo al que nos está conduciendo Ortega, quien nunca aprendió a gobernar un Estado, sino más bien lo ha desgobernado y últimamente se ha involucrado en problemas de otras naciones.

Y este gobernante con trazas totalitarias ha llegado al colmo de querer confiscar las obras producidas por Carlos Mejía Godoy, argumentando, entre otras cosas, que los hermanos Mejía Godoy han “labrado con madera ajena” su canto tan hermoso y que se ha convertido en una identidad de Nicaragua en el exterior. El totalitarismo se debe evitar porque su naturaleza es concentrar poder en una sola persona o grupo muy reducido, usualmente un partido político o movimiento, que puede incluso conducir al culto a la personalidad del líder. Justifica la actuación política mediante una doctrina global que se manifiesta en todas las esferas de la actuación humana: economía, cultura, familia, religión. Emplea sistemáticamente el terror, por medio de un “brazo coercitivo” para eliminar a la disidencia u oposición. Y usa métodos para dividir y aislar a la oposición y detractores de su régimen.

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