Juan, un venezolano de aproximadamente 30 años, es un profesional de clase media. El futbol es su pasión y la Eurocopa una de esas experiencias que no puede dejar pasar. ¿Pero a qué costo?
Sombreros, pinturas, trajes, tatuajes y hasta una bicicleta. La lluvia de colores es infinita entre los aficionados.
“He estado ahorrando por lo menos dos años para poder venir a ver este torneo, pues de lo contrario sería imposible”, señaló Juan (nombre ficticio, pues prefirió no ser identificado).
Pasaje de avión a precio de temporada alta, hoteles que tienen más demanda que oferta y por ende altas tarifas, comidas muy por encima de lo que se paga en América Latina y, para colmo, en muchos casos la entrada al juego no está garantizada.
¿MASOQUISMO GLOBAL?
No sólo son latinoamericanos los que han invertido grandes sumas para venir a ver la Eurocopa. Literalmente se aprecian aficionados de sitios tan diversos, como cualquier país europeo, Vietnam, Tailandia o hasta China.
Suiza no es precisamente un lugar de vida barata. Además, los ya normalmente altos precios incluso para estándares europeos, se han visto “inflados” por el aluvión comercial de la Euro.
Una cerveza se vende normalmente en una estantería en la calle a tres euros (aproximadamente), pero ahora en las llamadas zonas del fanático, donde se transmiten los juegos al aire libre, la refrescante bebida le implica cinco euros al bolsillo.
Lo mismo una botella de agua que puede valer dos o tres veces el valor de un supermercado, mientras que se ha duplicado el precio de venta de la tradicional salchicha (perro caliente) de la región.
Hasta una comida estándar en un restaurante promedio significa por lo menos 30 euros por persona. Si esto se multiplica por las tres semanas de la competencia se está hablando ya de 630 euros nada más en cenas.
La suma se agranda si se le añade los 100 euros por noche (un promedio optimista) que se pueden pagar si se consigue hotel, además de los viajes en tren entre ciudades.
En las consultas que hizo BBC Mundo un promedio de 2,750 euros por dos semanas de viaje bien puede ser una cifra representativa para alguien proveniente de América Latina o Asia.
Basado en un aficionado de América Latina, que viaja por tres semanas y asiste a cinco partidos.
¿Se justifica el desembolso? ¿Usted qué dice?