Detrás del magnánimo apodo “Emperador”, en Fatih Terim se esconde un seleccionador orgulloso y paternalista, capaz de trascender en un grupo turco diezmado por lesiones y suspensiones, al que de todos modos supo conducir a las semifinales de la Eurocopa 2008 de futbol.
Si imponerse a la adversidad fuera el criterio número uno para designar al mejor entrenador del Campeonato en Europa, entonces el título lo tendría asegurado este técnico de 54 años.
Antes de cuartos de final, cuando se enfrentaban a Croacia, Turquía no tenía más de 15 jugadores de campo y dos porteros, después de una mala combinación de suspensiones y problemas físicos. Sin embargo, la banda de Hamit Altintop tiene cita hoy en semifinales contra Alemania, en Basilea.
Pero la situación no se ha resuelto. Los turcos tendrán sólo 14 jugadores para este partido, en el peor de los casos.
Sin embargo, no se inquietan demasiado. Ellos se aferran al aura de su entrenador, que sigue enviando una imagen de fuerza tranquila. Fatih Terim da la impresión de saber que él y sus tropas seguirán adelante, a la conquista de Europa.
En sus discursos, por lo general, juega el registro de lo seguro. “Lo más importante es tener un enfoque lo más racional posible, encontrar soluciones”, dice.
Internamente, se impone la disciplina. Tácticamente y minuciosidad son dos puntos importantes de su método heredado de su visita a Italia, cuando dirigió a la Fiorentina y al AC Milán, previo paso por la selección turca en un primer mandato de 1993 a 1996.
Hoy, su estilo sólo recibe elogios. Tres veces los turcos han remontado un marcador desfavorable. El primero en caer fue Suiza (2-1), después República Checa (3-2 tras ir perdiendo 2-0 hasta los 75 minutos) y por último Croacia, al que venció por penales, tras igualar en el último minuto del alargue (120+2).