¿La estabilidad de un mánager está determinada por la ubicación de su equipo en la tabla de posiciones? No necesariamente. Más bien se define en relación con las expectativas que se proyectaron al inicio de campaña.
Willie Randolph no tenía de último a los Mets en el sector Este, sin embargo, Omar Minaya voló de Nueva York a California, para decirle que ya no era el jefe del equipo al que había llevado a la victoria dos horas antes contra los Ángeles, la noche del martes.
John McLaren, en cambio, sí estaba en el fondo del Oeste con los Marineros y fue despedido ayer por este plantel. ¿Quiere decir que peligra el puesto de Manny Acta con Washington, Trey Heilman en Kansas City y John Gibbons en Toronto?
Depende. Depende del nivel de expectativas que se tejió. A los Nacionales nadie les vio chance de salir del sótano, así que es normal que estén ahí. Lo mismo pasa con los Royals, pero no con los Azulejos. Gibbons sí está en dificultades.
A Randolph lo sacó toda la presión que hay en Nueva York en torno a los equipos de la ciudad, y sobre todo lo pone fuera, su incapacidad para hacer ganar de forma consistente a los Mets. El espectacular colapso del año pasado, cuando dejó ir una ventaja de siete juegos con 17 días para el final de la temporada, también fue cobrado ahora.
McLaren corrió la misma suerte. Al igual que los Mets (138,293,378) Seattle tiene una planilla de más de 100 millones de dólares (117,993,982) y las expectativas eran altas. Se le vio como el equipo a vencer en su División, pero lo que ha hecho ha sido el ridículo.
Cuando una empresa falla, corresponde al gerente averiguar las causas y aplicar variantes que permitan corregir. Y si no hay cambios, entonces lo cambian.
¿Ahora, quién determina las expectativas? Los dueños del proyecto, los analistas y medios en general. Así que la clave es el equilibrio entre las esperanzas o posibilidades de conseguir algo, y la realidad.