Se necesitan 50 centavos de euro (77 centavos de dólar) al día para sacar a un niño de las garras del trabajo infantil y llevarlo a una escuela con las condiciones mínimas para que estudie su primaria.
Con los 720 millones de dólares diarios que gasta Estados Unidos en la guerra de invasión en Irak se podría financiar que 935 millones de niños pudieran estar estudiando y no trabajando. Suficiente para acabar con este flagelo, tomando en cuenta que a nivel mundial se contabilizan 220 millones de niños trabajadores.
Recientemente en Madrid, España, se dio el relanzamiento del programa Proniño a nivel mundial, impulsado por la Fundación Telefónica. El evento fue para dar a conocer la expansión de Proniño en 13 países del área latinoamericana, entre los cuales se encuentra Nicaragua.
Fundación Telefónica es la división para el desarrollo de proyectos de impulso social por parte del consorcio en telecomunicaciones español Telefónica. En Nicaragua operan por medio de la operadora de telefonía móvil Movistar.
El evento fue respaldado por diversas personalidades, como el Premio Nobel de la Paz 2006, Mohammad Yunus, y el Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, quienes dieron conferencias especializadas sobre cómo erradicar el espectro del fantasma infantil.
Yunus, quien fue el precursor de los microcréditos a mujeres pobres en su natal Bangladesh, insistió que iniciativas que busquen la subvención a familias sin recursos pueden ayudar a combatir las desigualdades, en general, y el problema del trabajo infantil, en particular.
“Una de las estrategias de las familias para enfrentar la pobreza y sobrevivir es regalar a sus niños de 5, 6 y 7 años a familias más ricas a cambio de alimentos para ellos. Entonces, son menores que son tratados como mano de obra esclava, porque lo único que hay que hacer es alimentarles. Esto es usual para las familias pobres de Bangladesh y otros países pobres de la región”, relató Yunus.
“Cuando empezamos las políticas de microcréditos, uno de los impactos más notorios que vimos fue una vez que la mujeres empezaban a ganar dinero, empezaban a traer a sus hijos a casa. Cuando miraban dinero suficiente para su sobrevivencia ya no quieren que su hijo o hija trabaje como esclavo”, añadió.
Por su parte, Joseph Stiglitz, economista estadounidense, fue muy crítico sobre la política de su país en el sentido financiero (lo que cuesta la guerra en Irak podría erradicar el trabajo infantil) y político, al denunciar que la administración gubernamental se ha negado a firmar el convenio internacional sobre la erradicación del trabajo infantil.
“La erradicación del trabajo infantil debe ser enfocada desde una experiencia más global, que es el de la pobreza y hay que apostar por programas que impidan a las familias pobres tener que poner a sus hijos a trabajar”, sostuvo.
Agregó que se deben “crear nuevas oportunidades para el futuro de estos niños, con un modelo educativo que favorece, además, una mayor conciencia social de este problema”.