El Papa Benedicto XVI llevó ayer al presidente estadounidense George W. Bush a un paseo fuera de lo acostumbrado a través de los exuberantes jardines del Vaticano, deteniéndose en una gruta donde el pontífice reza diariamente.
Normalmente, los visitantes distinguidos son recibidos en la biblioteca del pontífice en el Palacio Apostólico. Allí fue donde Bush tuvo su primera reunión con Benedicto XVI en junio de 2007.
Pero en un gesto de apreciación para Bush, quien a su vez le dio una bienvenida cordial en Washington en abril, Benedicto recibió al Presidente y a la Primera Dama, Laura Bush, cerca de la Torre de San Juan, en los Jardines Vaticanos.
“Su eminencia, usted se ve bien”, dijo Bush al Papa poco después de llegar al Vaticano.
Durante el recorrido breve, Benedicto XVI y Bush se asomaron desde el balcón de la torre. El Papa le mostró la vista panorámica a Bush, incluyendo la cúpula de la basílica de San Pedro.
Luego de una reunión privada, Bush y Benedicto XVI posaron para las fotografías oficiales e intercambiaron regalos.
Bush y Benedicto pasearon entonces por los jardines, para ver la Gruta de Lourdes, que fue donada al Papa León XIII a fines del siglo XIX por los católicos franceses. Se sentaron en sillas de madera para admirar la gruta mientras la señora Bush los alcanzaba.
Las sirenas de la ciudad y el ruido de un helicóptero rompieron el silencio, junto con unos loros que volaron por encima del pontífice y la pareja presidencial. Esos sonidos fueron rebasados entonces por las voces de un coro de niños.