Chávez baila el tango de Lenin

En mayo de 1904, el líder comunista ruso Vladímir Ilich Lenin publicó en Ginebra, Suiza, el libro titulado Un paso adelante, dos pasos atrás, en el que analizaba los conflictos internos del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (como se llamaba el partido comunista de la Rusia zarista) y los problemas tácticos y estratégicos de la lucha revolucionaria . Ese libro, y más exactamente el concepto expresado en su título, quedó establecido como un precepto fundamental de la estrategia revolucionaria; es decir, que para tener éxito en la lucha por el poder y después para mantenerse en él, hay que dar pasos atrás cuando sea necesario y saber elegir el momento indicado para hacerlo. “Un paso adelante, dos pasos atrás… Es algo que sucede en la vida de los individuos, en la historia de las naciones y el desarrollo de los partidos”, precisó textualmente el célebre líder ruso bolchevique.

Con el correr del tiempo, aquella expresión proverbial del más importante líder y teórico comunista del mundo, después de Carlos Marx, fue llamada por sus propios seguidores como “el tango de Lenin” que deben bailar todos los comunistas del mundo que quieran ser hábiles tácticos revolucionarios. Y tal es lo que está haciendo el presidente izquierdista de Venezuela, Hugo Chávez, quien sorprendió al mundo entero el recién pasado domingo 8 de junio al exhortar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a que dejen en libertad sin condiciones a todas las personas que tienen secuestradas y a poner fin a la sangrienta lucha armada y terrorista que libran desde hace más de 40 años contra el Estado democrático colombiano.

El llamamiento de Chávez sorprendió a todo el mundo, porque no hacía mucho tiempo que el mismo mandatario venezolano había exigido a la Unión Europea y toda la comunidad democrática internacional, que le quitaran a las FARC la calificación de terrorista y las reconocieran como fuerza beligerante, conforme al derecho internacional. Y a las mismas FARC, el presidente Chávez todavía hace poco las exhortaba a seguir luchando y derramando la sangre colombiana, hasta la victoria o la muerte. Chávez incluso llegó al extremo de movilizar a gran parte del Ejército de Venezuela, para que estuviera listo a combatir en apoyo a las fuerzas narcoterroristas colombianas, y aseguró que la frontera de Venezuela no es con Colombia, sino con las FARC.

Pero no es sólo en su posición respecto a las FARC que Chávez ha retrocedido, aparentemente. El presidente venezolano también retiró la semana pasada una iniciativa de Ley de Inteligencia y Contrainteligencia, mediante la cual pretendía obligar a todos los venezolanos a convertirse en delatores hasta de sus familiares, por lo cual la gente la ha llamado “la ley del sapo”. Además Chávez pospuso la aprobación de una reforma curricular, cuya vigencia menoscabaría la patria potestad de los padres de familia sobre sus hijos y convertiría al sistema de educación pública venezolano en una gran escuela de totalitarismo comunista.

No obstante eso, el retroceso de Chávez es sólo aparente. Lo que pasa es que el presidente venezolano está dando dos o tres pasos atrás, para mientras pasa el mal momento que le han causado las informaciones sobre sus nexos con las FARC, que fueron encontradas en las computadoras portátiles del segundo jefe de dicha organización, Raúl Reyes, el cual murió en el ataque que fuerzas militares colombianas realizaron el 1 de marzo pasado contra el campamento que el cabecilla narcoterrorista tenía en territorio ecuatoriano, fronterizo con Colombia. Además, con esos retrocesos tácticos Chávez trata de evitar una derrota en las elecciones de gobernadores estatales que se llevarán a cabo el próximo mes de noviembre, pues si pierde esos comicios como perdió el referendo del 2 diciembre de 2007, se le podría escapar también de manera definitiva la posibilidad de volver a reelegirse como Presidente de Venezuela.

De manera que no hay que creer que porque está bailando el tango de Lenin, Hugo Chávez se ha convertido en una mansa y confiable paloma democrática. De ninguna manera. Su retroceso es táctico y aparente. Lo que quiere es disimular el efecto desastroso que han tenido para él las revelaciones de sus nexos con las FARC, y tratar de revertir el descenso que ha venido sufriendo en las encuestas, al aproximarse el momento de la crucial consulta popular electoral de noviembre próximo.

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