William Silva era un discreto futbolista que militó en el Parmalat FC, de Nicaragua. Cuando el club desapareció, Silva recibió una oferta en el Real Estelí, pero —ahí— su estadía fue relativamente corta.
En busca de estabilidad económica, que le permitiera una mejor vida a su hijo menor, el jugador pinolero se marchó a Suiza hace dos años.
Desde entonces sus planes han salido bien. Gana 25 francos por hora en construcción y remodelación de casas y hoteles.
“Al principio uno no se acomoda, pero luego te adaptas rápido. Aquí los latinos trabajamos de todo y cobramos lo justo, por eso conseguimos trabajo con rapidez”, dice.
En Ginebra existe una comunidad pequeña de nicaragüenses. Junto a William también trabajan su hermano Aldo Silva y sus amigos, Mario y César Augusto Guevara, originarios de San Marcos, Carazo.
César tiene más tiempo de vivir en Suiza. Hace ocho años se mudó a Ginebra y prácticamente toda la familia también reside en este país. Aquí viven con sus ocho sobrinos y tres hermanas, quienes han unido sus vidas con europeos.
LOCOS POR EL FUTBOL
Viviendo en uno de los países anfitriones de la Eurocopa es imposible que este grupo de nicas no enloquezca por el futbol.
“Aquí el futbol es salvaje. Hay más apoyo y el nivel es mucho mejor”, afirma William, que juega con un equipo local de cuarta división.
“Es una locura cómo se vive el futbol aquí y ahora con la Eurocopa la fiebre aumentó”, expresa Mario Guevara, el otro nicaragüense.
Vivir en Suiza para este grupo de jóvenes no es difícil, sobre todo ahora que experimentan la pasión de la Eurocopa.