Una de las imágenes más impactantes de Zinedine Zidane en el pasado Mundial de 2006 no estuvo relacionada con un balón o aquel infame cabezazo de la final.
Zidane disfrutó un cigarrillo antes de guiar a Francia a la final del Mundial 2006. Más bien fue una foto que le tomaron aspirando un cigarrillo en un momento de descanso, en la concentración del equipo francés.
Semejante “descubrimiento”, de que a uno de los mejores futbolistas de su época le place aspirar y exhalar nicotina, le puso la lupa a un tema que se discute con menos pasión que lo que sucede dentro del terreno.
Slaven Bilic, actual entrenador de Croacia, admitió recientemente que su gusto por el cigarro no comenzó cuando tomó posesión del banquillo.
Dino Zoff, Johan Cruyff, Diego Armando Maradona, y Sócrates son algunos nombres conocidos que bien pueden estar incluidos en el once ideal de los mejores futbolistas fumadores de todos los tiempos.
Pero quizás nada como el mítico portero ruso Lev Yashin, la “Araña Negra”. Durante su carrera que incluyó tres mundiales (1958, 1962 y 1966) se asegura que antes de cada partido “se fumaba uno” para calmar los nervios.
Aunque Yashin pertenece a una época menos glamorosa del actual futbol global, esta costumbre de fumar no pereció con el tiempo pese al perfeccionamiento del balompié con la ciencia deportiva moderna.
En esta Eurocopa, Rumania, es uno de los equipos en que varios de sus integrantes inhalan humo en su tiempo libre. Es algo que corresponde a su vida privada, alegan, y como tal, es privado.
Las opiniones o calificativos sobre este vicio dicen algunos futbolistas rumanos, están de más. Ello, pese a que se está hablando de atletas de alta competencia cuyo vicio podría calificarse de ser una contradicción con el ideal deportivo.
“Si uno corre y rinde lo máximo dentro del campo, que importa fumar. En el equipo es posible fumar siempre y cuando no se haga en público”, explicó Cosmín Contra, de Rumania.