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Arjen Robben y Wesley Sneijder, dos de los artilleros de ayer. ( LA PRENSA/AP)
Los franceses devorados
Loanny Picado
ENVIADA ESPECIAL/ SUIZA
deportes@laprensa.com.ni
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¿Y Henry?

El delantero del Barcelona no había aparecido en todo el juego, sólo tuvo un momento de lucidez. Recibió un excelente centro y definió el único tanto de Francia.

¿Fue el tanto del orgullo? ¿Acaso existió alguno?... La tropa de Domenech se escondió en los vestidores tan rápido como el árbitro dio el pitazo final. El estratega asistió a la conferencia de prensa y los jugadores no sabían cómo explicar la goleada propinada por los holandeses.

Un conjunto de fanáticos vestidos de león, como el animal del escudo de Holanda, fueron los nuevos elementos que se incorporaron en la barra de la “naranja mecánica”, que no dejó de fabricar goles para conseguir su clasificación a la siguiente etapa de la Eurocopa.

La víctima esta vez fue Francia, destrozada 4-1 por los leones más hambrientos del torneo. Berna, nuevamente fue la casa de los holandeses y la jaula donde atraparon su presa. Un fanático tocaba el tambor en tono fúnebre. De su cintura colgaba un muñeco francés que tenía incrustada una cruz, la tumba que anunciaba la caída del rival.

El colosal estadio más naranja que azul fue tomado por la afición holandesa y fue como si su fuerza y espíritu le dio al equipo de Van Basten la motivación para conseguir el triunfo.

Todo empezó con calma, Francia era irrespetuosa. Los ataques eran constantes al ritmo que se movilizaba Ribéry.

Un joven desde las gradas gritó: “Vamos, vamos”. Van der Vaart, pareció escucharlo, se dio media vuelta y en señal de agradecimiento movió la cabeza indicando un “sí, no tardaremos”.

La promesa no tardó en cumplirse. Van der Vaart habilitó el gol esperado, cobró un tiro de esquina y Dirk Kuyt lo definió.

La marea naranja se levantó de sus asientos, gritando a todo pulmón la anotación, Van Basten no dudó en expresar su alegría y también se unió a los gritos de la barra.

Para los franceses era apenas el comienzo de una pesadilla que les robaba el sueño de la clasificación. Una fanaticada atónita se sentó sin mover las banderas del país de la Torre Eiffel y junto al arquero Coupet miraron entrar los goles sin complicaciones.

Al son de los tambores, Robben neutralizó a los franceses, habilitó a Van Persie para el segundo gol y también se encargó de marcar el tercero de la Máquina Naranja.

¿Hubo más? A la Orange Machine le quedaba energía para un último destello. En el descuento, Sneijder sentenció el juego, al ritmo de la barra, recibió el balón, lo enganchó en su pie izquierdo y colocó el balón justo dentro de los tres palos.

“De prensen van Oranje” (Los príncipes naranjas) se escucha en toda Berna y la propia Francia se rindió ante los príncipes que buscan ser los próximos reyes de la Eurocopa.

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