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Luchas por la libertad
Franklin Barriga López
El autor es analista internacional
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Juan Pablo II apoyó a su coterráneo Lech Walesa, quien encabezó las manifestaciones que prendieron las luces para que desapareciera la oscuridad de la dictadura en Polonia.

En la visita de Lech Walesa a Ecuador, se recordaron los años de grandes luchas que emprendieron los pueblos dominados por el totalitarismo marxista leninista, con el fin de sacudirse de ese férreo yugo que ocasionó más de cien millones de muertos, miseria material y espiritual por todos lados, junto a la invasión de propaganda oficialista, falaz y diaria, a que están acostumbrados los jerarcas del absolutismo que no permiten el pluralista flujo de las ideas, ya que ellos se consideran los monopolistas de la verdad, dentro del sistema opresor que imponen a sangre y fuego o con engaños y que esclaviza a individuos y colectividades.

A Polonia corresponde el honor de haber dado al mundo a dos grandes líderes de talla histórica, cuyo aporte a las causas eternas de la humanidad es imperecedero. Me refiero al Papa Juan Pablo II, que será recordado siempre no sólo por su carisma, numerosos viajes pastorales alrededor del planeta, mensajes ecuménicos en bien de la paz y la justicia, sino también, y sobre todo, por su formidable contribución a las causas de la libertad y la democracia. A él se debe, en buena parte, la destrucción del Muro de Berlín, el de la infamia, el colapso del comunismo en Europa del Este.

Juan Pablo II apoyó a su coterráneo Lech Walesa que encabezó las manifestaciones que, en aquel verano de 1980, prendieron las luces para que desaparezca la oscuridad de la dictadura, en 1989. Lo que sucedió en Polonia, por aquel entonces, tuvo inmediato eco en los demás países de la órbita soviética.

Este movimiento de masas, capitaneado precisamente por un obrero, quiso identificar a su país con un futuro mejor, alcanzando la atmósfera indispensable para la prosperidad, que es fruto de la democracia. Se abrió, con ello, las oportunidades indispensables para la prosperidad: cayeron las serias limitaciones a las libertades públicas y empezaron a construirse las bases para ir adelante, al cambiar el fracasado y despótico modelo económico, ultracentrista, con predominio del Estado.

Walesa dejó un mensaje de gigantesco contenido y utilidad, sobre todo para las circunstancias que se vive actualmente en estas latitudes, donde se pretende sorprender con una vacía corriente de vocinglería y estatismo, como es el denominado socialismo del siglo XXI, al que dijo que nada significa mientras no se explique a la gente cómo se quieren solucionar los problemas y si esto se va a efectuar de manera justa, democrática, fundamentándose en libertades. Calificó al presidente venezolano Hugo Chávez de populista y demagogo, porque engaña a la gente pobre; expresó, además, que nunca le ha interesado entrevistarse con ese jefe de Estado, ya que no le gusta encontrarse con gente de ese tipo. Cuestionó, además, al modelo cubano, por su falta de libertad y oportunidades para progresar.

Estos mensajes no deben caer en oídos sordos en América Latina, particularmente en Nicaragua, Ecuador y Bolivia, donde tiene no poca injerencia Chávez, que lleva consigo al castrismo que se apropió de Cuba por cerca de medio siglo.

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