La cancelación de la personería jurídica del MRS y del Partido Conservador es un avance cualitativamente peligroso en la construcción de un proyecto autoritario que anuncia peores transgresiones antidemocráticas.
El pacto FSLN-PLC cierra espacios de organización política y de expresión social al sacar del juego a dos importantes partidos opositores, permitiéndolos únicamente a aliados dóciles y controlables como ALN. La ganancia inmediata es reforzar, a través del bloqueo de las alternativas, la camisa de fuerza con que se quiere sujetar al electorado para que no tenga más opción que votar por los candidatos que quieren permitir los caudillos.
Esta decisión es profundamente antidemocrática y, tristemente, evidencia que las cúpulas del pacto no comprenden o subvaloran las lecciones de la historia del país. Cada vez que en distintos períodos se cerraron espacios políticos, esto llevó al descontento, a la conspiración, a las sublevaciones y a la guerra civil. Así fue en la época de Zelaya, luego en época somocista y ya no digamos durante la revolución sandinista, para citar unos ejemplos muy conocidos.
Por lo tanto, el cierre progresivo de esos espacios de expresión y el aceleramiento del deterioro de la democracia —ya de por sí muy maltrecha por el arreglo corrupto Alemán-Ortega y el reparto de los poderes del Estado— pueden traer consecuencias negativas a mediano plazo y largo plazo.
Sin embargo, vista desde una perspectiva más amplia, esta jugada contra los disidentes sandinistas y los conservadores es únicamente parte del proceso de la instalación de una dictadura con métodos político-legales, pues los tiempos de los golpes de Estado ya pasaron.
¿Cuáles pueden ser los siguientes pasos?
En primer lugar, dado que el FSLN y la ALN controlada por Eliseo Núñez padre tendrán el control de las mesas electorales, y dado el dominio que el orteguismo ejerce en el Consejo Supremo Electoral, verdugo del pluralismo político, hay que tener serias dudas sobre la honestidad de los próximos comicios municipales. Ronda el fantasma del fraude.
Hay enormes riesgos. Una victoria mayoritaria del FSLN en los municipios va a traducirse posteriormente en una profundización del proyecto político del presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo el cual, en la práctica, será un desmontaje de la democracia representativa para suplantarla con los CPC.
Otra posible movida es el encarcelamiento de opositores con argumentos jurídicos, como podría ser el caso de Eduardo Montealegre con los Cenis. En verdad, no existe en Nicaragua una institución que pueda investigar con imparcialidad ese asunto, porque todas están bajo la influencia política de los pactistas.
Es muy peligroso el juego al que se ha arriesgado Montealegre con su candidatura en Managua. Una de sus debilidades principales es que, hasta ahora, ha carecido de la habilidad suficiente para ser el claro líder de la oposición, un papel que ni Alemán —rehén del sistema judicial dominado por el FSLN— ni ningún otro dirigente del PLC pueden asumir; al contrario, el papel del PLC se asemeja al del “zancudismo” conservador de la era somocista.
Una derrota supondrá probablemente el fin de la carrera política del jefe del Movimiento Vamos con Eduardo. Hay serias razones para dudar de la solidez del respaldo de Alemán a su candidatura. A éste le conviene liquidar cualquier desafío de liderazgo a su condición de caudillo ¿y qué mejor que un fracaso que entierre a Montealegre?
En tercer lugar, se adelanta una conclusión que extraigo del acuerdo de las bancadas PLC y sandinista de la Asamblea Nacional en el tema de las elecciones en la RAAN. Dado el consenso, creo que es bastante acertado lo que el diputado Víctor Hugo Tinoco sugirió recientemente: o ya se “cocinó” la reforma constitucional que permitirá la reelección de Ortega o la están “horneando”.
De nuevo se ignora aquí las funestas consecuencias que el afán de la reelección trajo en la historia de Nicaragua. Pese a sus limitaciones sociales y políticas propias de la época, la República Conservadora de los Treinta Años fue uno de los períodos más brillantes de estabilidad y desarrollo económico de Nicaragua. ¿Y qué precipitó su caída? La reelección de Roberto Sacasa.
Y de los Somoza, ni qué hablar. Es extraño que el comandante guerrillero Ortega no se acuerde a qué llevó la exclusión política practicada por el somocismo.
Según avance la consolidación de este proyecto autoritario, en su momento tocará ajustar cuentas con los medios independientes. Una prensa libre es un estorbo que debe ser eliminado para poder instaurar cualquier dictadura.
La sociedad debe abrir los ojos y movilizarse. Y olvidémonos de que aquí van a venir los gringos u otros cheles a salvarnos. Ellos podrán ayudar con sus presiones, pero salvaguardar la democracia en Nicaragua es ante todo una obligación de nosotros, los ciudadanos de este país.
Analista de temas internacionales.