“Devolva me” gritaba una chica desde la barra enloquecida con Cristiano Ronaldo, el delantero de Portugal y la estrella mediática de la Eurocopa.
Una lágrima rodaba en la mejilla de la joven. Ronaldo estaba calentando en el Stade de Géneve y no la podía oír. El número 7 parecía concentrado, faltaba un cuarto de hora para que iniciara el juego de Portugal ante República Checa. En su mente no existía otra cosa que mostrar un buen desempeño en el juego, en ese momento estaba aislado, era sólo él, la pelota y su rival a derribar.
Mientras esto ocurría, la agitada barra portuguesa aplaudía a sus figuras. Deco, Pepe, Ricardo, Carvalho se acercaron un poco y saludaron a esa fiel fanaticada que los sigue desde su llegada a Suiza.
El primer gol apareció de manera inesperada, pero los portugueses los exclamaron de inmediato. La chica que lloraba por Ronaldo cambió de expresión, una bella sonrisa adornaba su rostro y brincó de alegría, pero gritaba un nombre distinto: “Deco, Deco mi amor”.
Los checos estaban atónitos, pero no bajaron la guardia, al igual las barras. La ferviente animación cayó como una dosis de inspiración para el combinado checo. Un bello centro de Tomas le devolvió la vida al equipo. El disparo encontró a Libor Sionko y una ola roja y blanca se levantó de los asientos del colosal estadio ginebrino. Era el empate de los checos y a Portugal se le complicó el juego.
Scolari estaba desesperado, le daba instrucciones a Ronaldo, quien no había hecho nada extraordinario, sólo dos disparos hacia la portería que Cech pudo controlar.
Los ánimos estaban a su tope, no se concretaba el gol del desempate. Tan inesperado como la primera anotación de Portugal, apareció Ronaldo, el primer tanto del jugador valorado en 100 millones de euros.