La huelga de hambre que mantiene desde hace cinco días la antigua comandante del Frente Sandinista y ahora disidente de dicho partido, señora Dora María Téllez, no es sólo un desafío a Daniel Ortega y una protesta contra el Consejo Supremo Electoral. También es una convocatoria a todos los nicaragüenses democráticos, para que se alcen cívicamente a defender sus derechos y libertades y a impedir el establecimiento de una nueva dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua.
La huelga de hambre de la señora Téllez, en la que es acompañada por un joven candidato a concejal de Managua por la alianza MRS, así como a título personal por el candidato de ALN a Alcalde de Managua, el periodista Efraín Payán, es una protesta vigorosa contra la amenaza del Consejo Supremo Electoral (CSE) de cancelar la personalidad jurídica de ese y otros partidos. Según el CSE, el MRS ha incumplido algunas formalidades legales en el registro de sus autoridades internas, pero esta acusación es sólo un pretexto. En realidad, detrás de la ominosa intención del Poder Electoral contra el MRS está el interés de Daniel Ortega y el Frente Sandinista de que nadie les haga competencia entre los votantes sandinistas y de izquierda en general, en las elecciones municipales del próximo noviembre. De manera que es justa la protesta de Dora María Téllez, que además significa una defensa heroica del pluralismo político que es indispensable para el funcionamiento y la preservación de la democracia en Nicaragua.
La huelga de hambre es un recurso individual extremo, heroico y dramático de la lucha cívica, ya que de manera consciente se pone en grave riesgo la salud y la vida del protestante, sobre todo cuando la decisión es llegar hasta las últimas consecuencias, como ha dicho la señora Téllez que es su caso. El recurso de la huelga de hambre se remonta, según los historiadores, al eminente filósofo Antístenes de Grecia (444-365 antes de Cristo), discípulo de Sócrates, maestro de Diógenes y fundador de la escuela filosófica de los Cínicos, que fue llamada así no con el sentido que se da ahora a la palabra cinismo, sino porque se reunía con sus discípulos en un gimnasio de Atenas que era llamado Cinosargos, que significaba algo así como “perro ágil”.
Antístenes practicó el ayuno voluntario, que ahora es conocido como huelga de hambre y que los griegos llamaban Apocarteresis, para convencer a los atenienses de que debían dejar la vida licenciosa, practicar la austeridad y someterse a rigurosos principios éticos y valores morales. Y así fue que desde entonces y hasta ahora, la huelga de hambre se practica como una forma extrema, dramática y heroica de protesta, que no le hace daño a nadie más que a la misma persona que la lleva a cabo.
Un compañero de partido de la señora Dora María Téllez declaró en un programa de televisión, que con esa huelga de hambre no pretenden conmover al presidente Daniel Ortega ni a los magistrados del CSE. El objetivo, dijo, es defender la libertad, la democracia y los derechos políticos de los nicaragüenses, así como presionar a los magistrados del Consejo Supremo Electoral para que no cancelen el pluralismo en Nicaragua.
En realidad, uno de los propósitos fundamentales del pacto de Daniel Ortega y el FSLN con Arnoldo Alemán y el PLC, ha sido y es imponer el bipartidismo para compartir solo entre ellos el ejercicio y los beneficios del poder. Pero el bipartidismo impuesto, no obstante que sea por medios legales, no es democrático, sino dictatorial y represivo. El bipartidismo, donde existe —aunque nunca en forma pura, pues siempre hay otros partidos minoritarios— se funda en la vocación de los ciudadanos y la decisión de los electores, no en la imposición autoritaria y dictatorial de los dirigentes o caciques políticos.
De manera que la lucha de la señora Dora María Téllez es justa y legítima, e independientemente de su afiliación política, de su opción ideológica y de su participación en la dictadura sandinista de los años ochenta, debe ser respaldada por todos los nicaragüenses que aman la libertad y quieren vivir en democracia. Sin embargo cabe hacer la salvedad de que la demanda de Dora María Téllez de un supuesto diálogo nacional con Daniel Ortega, le resta fuerza a su acción heroica, pues las negociaciones con el jefe del Frente Sandinista casi siempre han conducido a entendimientos entre cúpulas a espaldas de la población y en contra del interés nacional.