Querida Nicaragua: lamentable o afortunadamente, realmente no lo sé, la lucha por la libertad en nuestra nación ha sido constante a través de la historia.
El siglo pasado particularmente fue toda una epopeya que merece ser escrita con letras de oro en la historia nacional. Luego de los treinta años conservadores, que se registran como una época ejemplarizante con todo y el ambiente semifeudal de la época, nuestra nación entró en una nueva etapa, un hermoso ciclo revolucionario como fue la victoria del 11 de julio de 1893, que instaló en la Presidencia al general José Santos Zelaya. Un vuelco formidable en la historia, pero un cruel desengaño como los muchos que hemos tenido, ya que el General se enamoró del poder y en lugar de cumplir con la nueva constitución que el mismo había proclamado, la Libérrima, decidió reformarla para poder reelegirse y quedarse en el poder 17 largos años.
Los siguientes 16 años fueron quizás peores, pues nos vino la intervención norteamericana imponiendo presidentes títeres que no actuaban si no era con el previo consentimiento del Ministro americano, que así llamaban entonces al embajador de EE.UU. Las administraciones de Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro, Bartolomé Martínez, Carlos Solórzano, otra vez Díaz y luego Moncada, y la larguísima era somocista, fueron años de lucha constante para evitar abusos, corruptelas y violaciones constitucionales. El pueblo luchó desde 1910 hasta 1979. La lucha continuó durante los primeros diez años de Ortega. Y hoy la lucha continúa en este segundo período donde claramente se adivina la intención de imponer un gobierno autoritario y totalitario.
El primero de los héroes fue Sandino. Pero hubo muchos más: los mártires de abril del 54, el sacrificio de Rigoberto López Pérez en el 56, las luchas heroicas de Pedro Joaquín Chamorro con la pluma y con las armas hasta entregar su propia vida. Tampoco podemos negar la lucha heroica de la mayoría de los miembros del FSLN, que lograron insurreccionar al pueblo para derrocar al dictador Somoza.
Una de estas figuras heroicas que se jugaron la vida en esa epopeya fue la comandante Dora María Téllez, una muchacha que a los 22 años fue capaz de entregarse por entero a la lucha en el peligroso clandestinaje de aquellos días.
En las luchas por la libertad, la mujer nicaragüense ha estado siempre presente. Desde la valiente Rafaela Herrera defendiendo la soberanía nacional en el Castillo de la Inmaculada hasta nuestros días, son muchas las mujeres que desde distintos frentes han levantado el estandarte de la dignidad nacional. Unas luchando desde organizaciones políticas, otras en el campo de los derechos humanos, las aulas escolares, las organizaciones sindicales y empresariales, otras al lado de sus hombres, haciendo causa común con ellos, luchando y sufriendo por la misma causa, pero la mujer ha sido factor vital en la lucha por la libertad.
Por esto no extraña a nadie que aquella muchacha de 22 años que en 1978 se tomó el Palacio Nacional, hoy inicie la resistencia cívica, sin metralleta y sin uniforme militar y que el pueblo la visite constantemente haciendo causa común con esa lucha que no es sólo suya sino de todo el pueblo nicaragüense: la lucha por la libertad.