La crisis alimentaria que concita el interés mundial actualmente es un problema que afecta de manera directa e implacable a Nicaragua, y por lo tanto se daba por descontado que el presidente Daniel Ortega participaría en la Cumbre mundial de la FAO que se celebró esta semana en Roma, Italia. Incluso, Ortega reunió en Managua a una mini cumbre regional sobre este mismo tema, la cual, a pesar de que fracasó por la falta de liderazgo y credibilidad del mandatario nicaragüense, sin embargo demostró su interés en este grave problema.
De manera que lo menos que podía esperarse era que Daniel Ortega, a quien además le gusta mucho viajar por el mundo, se presentara en Roma para participar en la Cumbre alimentaria y que planteara allí sus propuestas para encarar este grave problema mundial y de Nicaragua. Esa era una buena ocasión para explicar el proyecto denominado Hambre Cero, que es el programa insignia de su gobierno y precisamente por eso lo encargó a uno de sus más lúcidos y acomodados funcionarios, como es el sociólogo y teórico marxista don Orlando Núñez.
Es más, se pudo conocer públicamente —aunque de forma extraoficial, porque la agenda del Presidente de Nicaragua se maneja en forma secreta y misteriosa, como si fuese un asunto esotérico— que de Roma el presidente Ortega volaría hacia Teherán, en el avión jet privado en el que suele viajar, para discutir y resolver asuntos fundamentales de las relaciones entre los gobiernos de Nicaragua e Irán y sus coincidentes intereses estratégicos. Sin embargo, el presidente Ortega no sólo no se presentó en la Cumbre de Roma, sino que ni siquiera envió a su Ministro de Agricultura o a cualquier otro funcionario de alto nivel y capacitado en el asunto. El presidente Ortega demostró así un claro menosprecio al cónclave de la FAO en Roma, que reunió a 43 jefes de Estado y Gobierno y a unos cinco mil delegados de más de 180 países del mundo.
Pero así es que anda Nicaragua en los tiempos que corren actualmente. En todo caso, la actitud del gobierno de Daniel Ortega con respecto a la Cumbre de Roma y en relación con el grave problema de la crisis alimentaria internacional, confirma lo que se ha dicho con insistencia en los medios democráticos del país: que la tal estrategia del hambre cero es una plataforma propagandística demagógica y engañosa, una mampara verbal para encubrir las verdaderas intenciones de Daniel Ortega y el Frente Sandinista, cuales son las de imponer una nueva dictadura, gobernar de manera autoritaria y apropiarse de los recursos y bienes del Estado como si fuesen un botín, tal como está ocurriendo.
Tambien hay que reconocer que lo que ocurre en Nicaragua es doblemente lamentable, primero porque las acciones del gobierno de Daniel Ortega socavan la democracia, y segundo porque el país está perdiendo otra gran oportunidad de convertir una crisis en palanca para impulsar el crecimiento económico, el desarrollo nacional y el bienestar social de los nicaragüenses. En efecto, para Nicaragua la crisis alimentaria no sólo es un terrible problema que afecta a la mayor parte de la población. Es también una oportunidad para aprovechar las facilidades que ofrece el país, particularmente las de su gran potencial productivo agrícola y pecuario, a fin no solo de garantizar la autosuficiencia alimentaria sino también de establecer una plataforma de exportación agroindustrial, que multiplicaría los ingresos nacionales y permitiría resolver otros problemas socioeconómicos que aquejan a los nicaragüenses.
Sin embargo, lo que está haciendo el gobierno de Daniel Ortega es todo lo contrario. Y lo peor no es que el Presidente se haya negado caprichosamente a participar en un evento internacional tan importante como la Cumbre alimentaria de Roma, y que más bien la haya menospreciado, sino que precisamente en estos días se están realizando ocupaciones ilegales de fincas productivas y productoras, impulsadas o instigadas por el mismo gobierno del Frente Sandinista, mientras el ciclo agrícola ha comenzado o está comenzando prácticamente sin recibir ningún apoyo ni estímulo gubernamental.
O sea que se confirma que el plan del gobierno de Daniel Ortega no es de “hambre cero” para garantizar la seguridad alimentaria de los nicaragüense, sino al revés: una estrategia de cero acciones para la solución del problema del hambre y las demás acuciantes dificultades que sufren los nicaragüenses.