La angustiosa tragedia provocada por el ciclón Nargis que entre el 2 y 3 de mayo azotó en Myanmar (Birmania) en el sudeste asiático, con un saldo de casi 100 mil muertos y dos millones de damnificados, tiene escandalizado al mundo entero, no sólo por los daños ocasionados por el desastroso meteoro sino más aún por la inhumana resistencia de la Junta Militar que gobierna dictatorial y despóticamente ese país desde 1962, a impedir la asistencia humanitaria internacional si no es por exclusivo conducto de ellos.
El tiránico régimen birmano —uno de los más represivos, aislacionistas y corruptos del mundo— se niega a conceder visas a socorristas extranjeros, ha incautado los suministros de emergencia de alimentos y medicinas enviados por las Naciones Unidas, no permite la entrada de periodistas y corresponsales extranjeros, se opone a recibir equipos de transporte para la distribución de la ayuda internacional, mantiene un férreo y corrupto control directo sobre la totalidad de la asistencia que entra y se distribuye en el país, que es uno de los más pobres del planeta, con casi 60 millones de habitantes cuyo ingreso per cápita no alcanza los 300 dólares al año, no cuenta con infraestructura de aeropuertos y caminos de alcance nacional, y cerca de 60 por ciento de la población carece de acceso a la educación básica y servicios de salud. Pero eso sí…, Birmania es el segundo productor mundial de opio después de Afganistán, así como una importante ruta del narcotráfico en el sudeste asiático.
La comunidad internacional está escandalizada e impotente ante los gorilas birmanos. Francia invocó, sin éxito, la llamada doctrina de la “Responsabilidad de Proteger” para promover en el seno del Consejo de Seguridad una resolución que autorice el ingreso y distribución de la ayuda multilateral en Myanmar al margen de los canales gubernamentales a pesar de la oposición del Gobierno birmano. El secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon, ha tenido una gestión desafortunada, no logra plantear una agenda propia y se resiste a empujar medidas coercitivas que puedan llevar a una confrontación con el Gobierno birmano y prefiere acciones de mediación y buenos oficios para el diálogo político entre la Junta y la oposición.
Pero el principal obstáculo a la acción multilateral humanitaria en Myanmar es la cierta y pasiva indiferencia de los países vecinos. Los intereses estratégicos de los actores clave en la región. China, India, Tailandia y la mayoría de los países del sudeste asiático, al igual que Rusia, los llevan a oponerse a la adopción de medidas multilaterales de coerción sobre la Junta Militar birmana pues no les conviene poner en riesgo su acceso a los recursos de petróleo y gas birmanos ni al dinamismo del comercio de armas y opio con los generales birmanos. Por tanto para los países de la región, la prioridad estratégica inmediata es la estabilidad política de Myanmar y no el bienestar de su población y menos la democratización del país. Por eso los generales decidieron continuar con su Referendo y dicen que el 10 de mayo millones de birmanos obedecieron su orden de “cumplir con el deber de aprobar la Constitución del Estado”. ¡Patria libre o morir!