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A cinco días del paso de la tormenta tropical Alma, los pobladores de Puerto Sandino, en Nagarote, resienten la falta del servicio de luz eléctrica, agua potable y telefonía convencional.
Dina Roa, propietaria de la pulpería Contreras, indicó que ha dejado de “percibir ganancias” en la venta de productos como carne, leche y embutidos.
“Lo que tenía en existencia lo pude vender, pero por falta de luz no he querido comprar más, tengo miedo de que se maleen (los productos) y perder mi clientela”, manifestó.
En esta comunidad costera, ubicada a 70 kilómetros de Managua, aún se pueden ver algunos árboles y postes del tendido eléctrico en las calles.
La casa que habita Juana María Martínez, de 36 años, quedó destruida. Unas láminas de zinc retorcidas y ladrillos regados por el suelo son testimonio de la violencia de los vientos de Alma.
Martínez dijo que han tenido que usar lámparas y hasta candiles para ver durante la noche. Pero, además, la falta de agua potable la tiene preocupada. La humilde mujer no quiere darle agua extraída de un pozo cercano a sus hijos, porque “pueden enfermarse de diarrea”.
“Las autoridades de Nagarote y Managua que vinieron después de los vientos horribles dijeron que iban a ayudarnos, pero no nos han entregado nada, estamos fregados sin luz, agua y sin techo”, agregó con tono de preocupación Martínez.
Pero mientras las autoridades estatales cumplen con sus promesas de ayuda para así paliar un poco las secuelas dejadas por Alma, el Embajador de los Estados Unidos en Nicaragua, Paul Trivelli, donó a Save The Children 50,000 dólares. La donación se hizo a través de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el dinero será usado para reconstruir 120 techos que beneficiarán a unas 1,280 personas de León y Chinandega.