Tal vez el presidente Daniel Ortega Saavedra no tenga la intención de formar parte del Jet Set internacional, para lo cual es como un requisito indispensable viajar habitualmente en avión jet privado, ya sea propio, alquilado o prestado. Sin embargo, a juzgar por el gran gusto que se da el Presidente de Nicaragua viajando por el mundo en un enorme y costoso avión jet privado, igual que lo hacen los ricos y famosos personajes que pertenecen al Jet Set, pareciera que sí pretende formar parte de este círculo súper exclusivo de magnates internacionales. De todas maneras, es inaudito que el presidente Ortega se comporte de esa manera, siendo que representa a una nación que según datos de organismos internacionales es la segunda más pobre de América Latina, que sólo está encima de Haití.
Como se sabe, el Jet Set es un grupo internacional muy selecto de personas sumamente ricas, exitosas y famosas. El Jet Set se formó en los años cincuenta del siglo pasado, con la participación de personajes muy célebres, sofisticados y ricos, poseedores de fortunas líquidas estimadas en cuando menos doscientos millones de dólares cada uno. Entre esa gente fuera de serie se encontraban personajes como Aristóteles Onassis, los Rothschild, el príncipe Rainiero de Mónaco y su esposa Grace Kelly, Greta Garbo y otros de ese mismo rango. Y en la actualidad, del Jet Set forman parte multimillonarios y personajes célebres como Ted Turner, Bill Gates, Brad Pitt y Angelina Jolie, los Hilton y otros del mismo aspecto, talante y fortuna.
Por supuesto que a pesar de que mucho lo quiera y de que gaste el dinero del Estado de Nicaragua o de otros países, para pagar sus fastuosos viajes al extranjero en jet privado; y aunque tenga mucho dinero como resultado de los casi treinta años de estar usufructuando el poder político del país –ya sea mandando desde arriba o gobernando desde abajo—, Ortega jamás podrá ingresar al exclusivo Jet Set internacional que está integrado por apenas un poco más de un millar de personas de diversas partes del mundo. Primero porque cualquiera que sea el monto de la riqueza de Daniel Ortega, no se puede igualar a la de aquéllos que hacen fiestas para cinco mil invitados a un costo de más de diez millones de dólares, que poseen playas en la Costa Azul y la Costa Brava, que son dueños de centros para esquiar en los Alpes suizos y las montañas nevadas de Colorado, o de castillos medievales en Alemania, etc., etc.
Para esos personajes del Jet Set internacional debe ser una insignificancia, incluso de muy mal gusto, viajar en un avión privado viejo y en desuso por ruidoso y contaminante, como es el Boeing 707 de propiedad africana que Daniel Ortega usó para su reciente viaje a Uruguay, donde irónicamente fue la figura central de una reunión internacional de comunistas, sindicalistas, líderes izquierdistas y otros “representantes” de los pobres de América Latina.
En realidad, aparte de cualquier ironía que se pudiera hacer con el escandaloso comportamiento del presidente Ortega en sus viajes al extranjero y la forma en que está gobernando a Nicaragua, lo que está a la vista es una clara situación de abuso de poder, de corrupción gubernamental, de aprovechamiento de los recursos del Estado para el enriquecimiento propio y favorecer a los miembros de la cúpula gobernante, para exhibir una opulencia obscena en medio de la extrema pobreza y el desamparo que agobia a la mayor parte de la población nicaragüense.
Sin duda que la corrupción no tiene color político ni bandera ideológica. Tan corrupto puede ser un gobierno típicamente de derecha, como los de la familia Somoza y de Arnoldo Alemán, como lo fue el gobierno revolucionario que se retiró del poder llevando a cabo la más espectacular apropiación de bienes del Estado y de los particulares que ha ocurrido en toda la historia nacional, cual fue la piñata sandinista; y como lo es el nuevo gobierno de Daniel Ortega, que dice gobernar desde la izquierda y en nombre de los pobres de Nicaragua y del mundo, pero practica un escandaloso tráfico de influencias, maneja discrecionalmente y sin permitir controles cuantiosos recursos públicos como los de la cooperación petrolera venezolana y viaja por el mundo como si fuera un miembro del Jet Set internacional.
Muy lejos está Daniel Ortega de aquel modelo de gobernante revolucionario que según escribió el Che Guevara en su obra clásica El socialismo y el hombre en Cuba, debe ser alguien que lo da todo por el pueblo sin esperar a cambio ninguna retribución material.