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Al ocaso con el Alba
Douglas Carcache
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Los petrodólares que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le suministra a Daniel Ortega serán costosos para Nicaragua.

Independiente de cuánto lleguen a sumar, sean mil millones o 10 mil millones de dólares, Nicaragua pagará por esa ayuda algo más que intereses. Pagará con el atraso.

El problema es que la cooperación venezolana para el partido gobernante, el Frente Sandinista (FSLN), trae condiciones que de hecho comprometen a Nicaragua con una línea contraria al progreso económico y político que ha buscado el país desde 1990.

Un grupo de expertos analizó el fenómeno Chávez la semana pasada en Miami y llegó a la conclusión de que el Presidente de Venezuela ha causado mucho daño a la democracia, dentro y fuera de su país, porque quiere destruir las instituciones formales para implantar sus organizaciones revolucionarias.

Cabe aquí recordar el caso de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), creados por el FSLN y a los que Ortega ha dado rango e influencia en el Gobierno, por encima incluso de los ministros, siguiendo las pautas del Socialismo del Siglo XXI que promulga Chávez.

Las regalías de Chávez a través del petróleo, para sus amigos presidentes, tendrán sus costos, advirtió Román Ortiz, un experto de la Fundación Ideas para la Paz de Colombia. Entre las consecuencias, “podríamos tener un gobierno promoviendo al terrorismo en el corazón de América Latina”, señaló.

Ortega, en 16 meses de gobierno, ha recibido de Venezuela más de 500 millones de dólares —confesado por él mismo— y a cambio metió al país en la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), un proyecto de Chávez más político que económico para conseguir aliados y enfrentar a los tratados de libre comercio que promueve Estados Unidos.

Aunque, para tener una idea más clara de lo que significa el Alba, basta revisar los resultados que esta receta ha dejado en Venezuela: La economía se hunde cada día más porque la inversión disminuye, a pesar de la extracción de petróleo, y la producción de alimentos cae de forma constante. Por ejemplo, el año pasado dejó de producir 100 mil toneladas de carne de res.

En el caso de Nicaragua, ningún mercado nuevo ha conseguido este país para sus exportaciones, a través del Alba. Al contrario, Ortega ha puesto a la nación al borde de perder producción e inversiones, como efecto de acusaciones y amenazas que lanza cada semana contra el sector empresarial, un estilo que también caracteriza a los gobernantes de los otros países miembros de ese bloque: Venezuela, Cuba y Bolivia.

De seguir así, Ortega provocará un desastre económico en Nicaragua, porque los inversionistas ya temen que intente controlar precios e intervenga en las operaciones de algunas empresas privadas, como hace Chávez, quien sigue nacionalizando compañías.

Ortega dirá que nunca haría eso, pero quién le cree a un presidente que hace año y medio hablaba de democracia y pluralismo, y hace días ordenó la eliminación jurídica de algunos partidos opositores, porque, igual que Chávez, quiere la reelección indefinida y eso significa prolongar la oscuridad.

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