Brasil apuesta a su producción agrícola y defiende a ultranza su etanol de caña como biocombustible, afirmando que a diferencia del alcohol de maíz estadounidense, no provoca escasez ni inflación de los alimentos de los pobres.
“Necesitamos asumir esa lucha como nación y obligar (a los críticos) a decir cuál es la verdadera razón por el aumento (de precio) de los alimentos”, dijo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
“No es el etanol que subió el precio de los alimentos, porque Brasil, que produce más biocombustibles, también produce más alimentos”, afirmó.
Desde organismos internacionales y movimientos sociales se culpa a los biocombustibles por el alza de precio de los alimentos.
La inflación “es un problema de distribución de riqueza, es un problema político”, aseguró la analista Giselle Ferreira de Araujo, integrante del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, a la AFP.
COMBO DE FACTORES
El responsable gubernamental de Seguridad Alimentaria, Renato Maluf, anotó que la carestía responde a cuatro factores: primero la demanda creciente en China, India y otros países “por el aumento del poder de compra de sectores de menor renta”, sumado al uso de granos básicos (como maíz por parte de Estados Unidos) “para fabricar agrocombustibles”.
El segundo es el precio del petróleo; el tercero “la quiebra de cosechas que cuentan en la oferta internacional”; y el último “la especulación con productos alimenticios”, dijo Maluf.
Mientras, Rubens Ricupero, ex secretario general de la Conferencia de ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), sostuvo que “el ataque contra los biocombustibles (...) parte de dirigentes alineados con las políticas proteccionistas europeas”.
El acuerdo de 2007 con Estados Unidos para expandir el etanol “fue un error colosal” porque “nos usaron para confundir a la opinión pública mundial que no diferencia el etanol de caña y el de maíz”, opinó.
DEMANDA CRECERÁ
La demanda mundial de energía crecerá 50 por ciento hasta 2030, según la Agencia Internacional de Energía (AIE).
“Las fuentes renovables de energía como los bicombustibles parecen ser la mejor respuesta para la cuestión”, postuló la entidad ambientalista WWF.
La WWF calculó la demanda de etanol de 2012 en 100,000 millones de litros, y de ese total Estados Unidos produciría 42 por ciento.
Estados Unidos es el primer productor mundial de etanol con 28,000 millones de litros en 2007, seguido de Brasil con 22,000 millones.
De las 355 millones de hectáreas arables en Brasil, la caña para etanol ocupa 3.4 millones (uno por ciento) y el área cultivable disponible es de 105.8 millones de hectáreas. Eso “permite duplicar la producción de etanol sin afectar el ambiente ni los alimentos”, afirmó Marcos Jank, presidente de la Unión de la Industria de Caña de Azúcar (Unica).
Eduardo Leao, director ejecutivo de Unica, enfatizó que “eliminar barreras comerciales del mundo industrial daría oportunidades efectivas a países en desarrollo para producir alimentos y biocombustibles de forma económica, social y ambientalmente responsable”.
La WWF alertó que la caña “tiende a ocupar áreas de pastaje de ganado” y puede estimular indirectamente “la deforestación de la Amazonia, donde crece la producción de carne”.