publicidad
Managua
01:24 pm
01.06.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Nacionales
Managua anegada
Carlos Salinas Maldonado
Periodista
publicidad

La brasa del cigarro arde cuando José Flores lo aspira, soltando una bocanada de humo que se disuelve en el aire enrarecido y húmedo de esta tarde gris y lluviosa. El hombre, mojado hasta las narices, mira con rabia como su DVD flota, al lado de camisas y pantalones, en la piscina de agua sucia que se ha formado en la sala de su casa. El barrio Hugo Chávez se inundó de nuevo.

“Se perdió todo”, dice José, fumando, temblando, con su short de tela camuflada y la camisa larga goteando agua sucia. “No sirvió de nada”, agrega, apuntando con la boca la laguna de agua café que se formó frente a su casa.

El jueves llovió con fuerza sobre la capital. La tormenta Alma tomó por sorpresa a las autoridades meteorológicas y al país entero. La lluvia comenzó desde la tarde del miércoles y duró toda la noche y la madrugada, levantando de su sueño a José y su familia. El charco frente a su casa se comenzaba a formar, amenazando con inundar las casas. El hombre decidió mandar a sus hijos a un barrio cercano, donde vive su mamá, y con palas y piochas comenzó, junto a otros vecinos, a drenar el agua para evitar la inundación.

Pero Alma les ganó y el agua subió demasiado como para seguir luchando contra ella. Y las casas se inundaron. El agua le llega un poco más arriba de las rodillas a José. La mirada de rabia no se disipa. “Me quedo cuidando nada, porque nada de eso sirve. Sólo hay que esperar la voluntad de Dios”, murmura el hombre, moreno, bajo, delgado. Una de sus vecinas lo mira con pesar. Comenta que “aquí siempre es lo mismo”, que las autoridades “nunca hacen nada”, sin apartar la mirada del hombre que parece se va echar a llorar.

¿Y qué va hacer ahora, José? Vuelve a ver con sus ojos rojos. Dice que espera que pare de llover para sacar el agua de su casa. Pero queda el barro, las maderas húmedas, los rincones cargados de suciedad que sale de un manjol ubicado a unos metros de la casa de José. El manjol vomita toda clase de porquerías que alimentan la laguna que se formó en el barrio. Ahí hay condones usados, ratas y palomas muertas, basura de toda clase. El olor es insoportable. A aguas estancadas y animales muertos. Huele a podrido.

“Esto es el Hugo Chávez”, dice un hombre. “Tomen las fotos y llévenselas al alcalde”.

El caos del Hugo Chávez se multiplicó por toda Managua, una ciudad vulnerable, con más de 30 puntos críticos que ponen en alerta a las autoridades. Y alerta es lo que generó Alma. De las casas del Hugo Chávez que se salvaron, salen las voces de reporteros que informan de los daños: los techos volaron por el cielo a causa de los fuertes vientos, como si fueran de cartón, barrios enteros quedaron convertidos en lagunas de agua sucias. Y en el sector de la Tenderí se formó una laguna tan grande que los comensales que a mediodía salían de degustar una sopa en un restaurante de la zona, se quedaron atrapados por el inmenso charco, que amenazaba con inundar el lugar. Las autoridades decretaron alerta amarilla y en Managua trasladaron a albergues a 300 personas.

Y el resto del país también sufrió estragos gracias a Alma: un buen trecho de la Carretera Panamericana quedó anegado y sobre los charcos de barro los postes del tendido eléctrico se “ahogaron”. León quedó sin agua, luz y con fallas en las comunicaciones telefónicas.

Parecía que un solo día había caído toda el agua de un año, en una ciudad que recibe 300 milímetros de lluvia anuales. Y eso que el invierno apenas comienza. Septiembre es el mes más lluvioso y José Flores no quiere ni pensar qué pasará con su casa para entonces.

“A uno sólo le queda irse del barrio”, afirma el hombre cruzando sus brazos, sin dejar de fumar. El humo sube con movimientos circulares hasta disiparse en el aire de esta tarde gris.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda