Nicaragua tiene una política exterior incierta, más cercana a países fundamentalistas como Irán y Libia y lejana de los vecinos occidentales, afirmó el ex diplomático y especialista en relaciones internacionales, Mauricio Díaz, quien dictó ayer una conferencia sobre la política exterior del país.
El experto criticó que el gobierno de Daniel Ortega defienda su apoyo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como un tema de “solidaridad revolucionaria”, cuando “el país no gana nada protegiendo a una organización guerrillera absolutamente desprestigiada”.
El también diputado suplente ante el Parlamento Centroamericano (Parlacen), electo por la hoy desintegrada Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), estimó que el conflicto de la guerrilla en Colombia es un problema de ese país, y el Gobierno de Nicaragua debería de concentrarse en solucionar los problemas nacionales.
A su juicio, “la política exterior de Nicaragua no tiene un rumbo claro” y lamentó que ésta pase por un “manejo conflictivo” de Ortega y “la labor exegeta (de intérprete) del Canciller (Samuel Santos)”.
Díaz sugirió que Nicaragua debe disponer de una política exterior pluralista, “que participe del Movimiento de Países No Alineados (a cuya reunión asiste Santos en Irán) así como de todo foro político y económico, tecnológico y comercial que nos beneficie, en la búsqueda de mercados y ventajas competitivas para nuestros productos”.
ORTEGA HACE EL TRABAJO SUCIO DE CHÁVEZ
Además, criticó que “en Latinoamérica Ortega comparece haciéndole el trabajo ‘sucio’ a (Hugo) Chávez, ubicado en la retórica y bravucona”.
También considera que existe una “posición absolutamente hipócrita” en el reclamo del Gobierno por la no injerencia de Estados Unidos en los asuntos del país, mientras el mismo Ortega permite que Chávez diga en tarimas públicas que el país no debe dejar ir a Ortega del Gobierno, como hizo el pasado 19 de julio.
En la conferencia patrocinada por la Konrad Adenauer, Díaz estimó que los fantasmas de guerra que revive a diario el Presidente parecen responder “a la vieja estratagema de inventar enemigos invisibles para ocultar la incapacidad gubernamental y las arbitrariedades” y, sugirió, “no fanatizarse en alianzas ideológicas” ni seguir con la “verborrea estéril”, alentar la inestabilidad, promover la división o la lucha de clases entre ricos y pobres.