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Ortega, el progresista
Danilo Arbilla
El autor es periodista uruguayo.
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“¿Cuánto les dio la Embajada de EE.UU. para financiar la manifestación?” “No sé, pero debe haber sido mucho, porque realmente hay mucha, mucha gente”.

Este diálogo tuvo lugar el pasado 27 de junio. Fue en Managua. Ese día una multitud de nicaragüenses se lanzó a las calles para pedir la renuncia del presidente Daniel Ortega, al que acusan de corrupto, dictador y “somocista”. Fue la segunda marcha en ese mes. El gobierno, obviamente, calificó a los manifestantes de “oligarquía disfrazada de sociedad civil financiada por Estados Unidos”.

De ahí es que surge, entonces, la pregunta que el locutor del orteguista Canal 4 de Managua le formuló al líder del Movimiento Renovador Sandinista, Edmundo Jarquín. La respuesta del dirigente político no sólo era ironía; contaba con un buen respaldo: según cálculos serios, los manifestantes sumaban más de 40 mil. Jarquín fue candidato a la Presidencia en las últimas elecciones. En estos días su partido —el MRS— de centroizquierda e integrado por antiguos miembros del Frente Sandinista, ha sido ilegalizado por Ortega (por cualquier eventualidad).

Cuarenta mil personas parece demasiada gente para conformar “la oligarquía” del país que ocupa el segundo lugar, después de Haití, entre los más pobres de América Latina, y en el que los ciudadanos más ricos están en el gobierno, mientras “tienen al pueblo muriéndose de hambre”, según clamaban los manifestantes.

El repudio al denominado “pacto sucio” entre Ortega y el ex presidente derechista Arnoldo Alemán, condenado judicialmente por corrupción, cada vez se hace más repetido y manifiesto.

El pasado 16 de julio, tres días antes de los festejos oficiales de la caída de Somoza, hubo otra marcha contra el gobierno. También fueron miles y entre ellos la reconocida escritora Gioconda Belli. Al final de la protesta los hermanos Mejía Godoy, los de Nicaragua, Nicaragüita, dieron un concierto. Los músicos, cuyas canciones fueron emblema de la revolución y en casos sirvieron para transmitir mensajes en código, han prohibido a Ortega utilizar sus obras musicales.

Ortega, sin duda, ha perdido el monopolio de la calle, pero igual el día 19, en el acto del aniversario, consiguió una multitud parecida. La diferencia fue que el gobierno invirtió más de 2 millones de dólares —mucha plata para un país tan pobre— en “acarrear” gente, y que además los empleados públicos fueron obligados a ir y se pasó lista. Eduardo Montealegre, que al igual que Jarquín fue candidato presidencial , hizo una denuncia formal sobre el uso de los dineros públicos ante la Contraloría, pero sin muchas esperanzas de que ésta, dominada por la gente de Ortega y Alemán, haga algo.

Parece que el “pacto” por un lado y pertenecer al “eje progresista” por el otro, lo hacen sentir impune al ex sandinista presidente de Nicaragua, pese a que su popularidad ha caído vertiginosamente —lo apoya sólo uno de cada cinco nicaragüenses— en proporción inversa al crecimiento de los precios (12 por ciento en seis meses) y del desempleo (60 por ciento).

A despecho de estas cifras, durante los actos, a los cuales asistió para dar el respaldo progresista el presidente Hugo Chávez, al que han bautizado de “vaivén” por sus recientes cambios de posición política, Ortega se dio el lujo de condecorar con la Orden Rubén Darío a Margot Honecker viuda de Erich Honecker, dictador de la Alemania comunista (RDA). Apodada como la “Bruja Lila”, la homenajeada fue durante 15 años ministra de Educación de la RDA. Logró huir cuando cayó el régimen y no pudo ser juzgada. Desde 1992 vive en Chile sin ningún tipo de problemas.

Refiriéndose a la condecorada, el izquierdista diario berlinés Die Tageszeitung (Taz), escribió que “ella encarnó todo contra lo cual se rebeló la gente en 1989: una mujer de la élite gobernante, sin sensibilidad social, paranoica y, cuando fuera necesario, brutal”.

Por su lado, el Bild, el diario de mayor tirada de Alemania, destacó que “mientras en Alemania (Margot Honecker) es odiada y despreciada, en América Latina es honrada, aplaudida y festejada como una orgullosa heroína revolucionaria”.

Europa de vez en cuando también aplica ese tipo de doble criterio, del cual, como es notorio, son expertos practicantes los gobiernos progresistas latinoamericanos.

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