Querida Nicaragua: ¡qué curioso! El precio de la gasolina sube cada lunes. Asimismo el precio de los productos de consumo básico. Aumenta tres pesos el galón de diesel y automáticamente aumenta en cinco pesos el precio de una papaya, como si el camión transportara una sola fruta, cuando trae varias docenas entre las que habría que prorratear lo que se gastó más en combustible, la piña sube de ocho a diez córdobas. Un camión o una camioneta acarrea trescientas o cuatrocientas piñas en cada viaje, de modo que el comerciante aumenta su ganancia en seiscientos u ochocientos córdobas cuando en realidad no gastó más que cinco córdobas extras por cada galón de combustible, el queso de 28 a 30 la libra, gracias al mismo argumento del alza del petróleo.
Y uno pregunta al vendedor por qué sube todo cada semana y el vendedor responde que es por el costo del transporte, por el aumento de la gasolina, del diesel, del gas butano, etc.
Sin embargo, esta semana los combustibles bajaron de precio. El diesel bajó cinco pesos por galón, pero las papayas siguieron costando lo mismo, las piñas igual, el queso también. Le pregunto al vendedor y me dice que esa baja del combustible es por uno o dos días, que al rato vuelve a subir y que por eso los precios de los productos siguen iguales.
Y tanto transportistas, como intermediarios y vendedores algunas veces son muy religiosos, caminan con la Biblia bajo el brazo, pertenecen a iglesias evangélicas que han logrado una importante penetración en las áreas urbanas y rurales. Y entre estos comerciantes hay también muchos católicos que van a misa todos los domingos religiosamente. Algunos van todos los días y comulgan diario y naturalmente no se pierden la visita al Santísimo todos los jueves por la tarde. Y todo esto está muy bien, excelente, son prácticas religiosas que de ninguna manera podemos reprochar a nadie. Pero esas prácticas religiosas deberían ser acompañadas por una actitud más cristiana frente a nuestros prójimos. “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”, es un texto que cualquiera puede leer en el libro de libros, la Santa Biblia. ¿Valdrán de algo las prácticas religiosas cuando estamos lejos de cumplir con la palabra de Dios, ¿que nos pide amar al prójimo como a nosotros mismos? San Juan nos enfrenta más a este dilema cuando nos dice: “Si no amas a tu prójimo a quien ves, ¿cómo puedes amar a Dios a quien no ves?
Ah, pero es que los nicas seguimos siendo muy vivos, vamos siempre adelante, nos adelantamos inclusive al costo que va a tener la gasolina la próxima semana y calculamos desde ahora los nuevos precios de los productos que venderemos en los mercados. Como buenos comerciantes nadie nos gana.
No se nos ocurre pensar que al dañar a nuestro prójimo no sólo estamos violando un precepto importantísimo de nuestros Creador, sino que estamos arruinando la economía de nuestra nación. Estamos ayudando a producir una espiral inflacionaria que nos puede dejar en ruinas, nos estamos matando los unos a los otros.
Ya que nuestro Presidente no se ocupa de estas minucias y sigue enfrascado en buscar la paz entre las FARC y el gobierno de Colombia, tratemos nosotros de tener compasión los unos de los otros. No exageremos los precios de los productos básicos.