/
Después de “Tirofijo”, ¿qué pasará con las FARC?
J. Enrique Cáceres-Arrieta
El autor es periodista colombiano.

Después de la muerte de “Tirofijo”, los que no somos amigos ni damos refugio ni dinero a los terroristas nos preguntamos: ¿cómo será la filosofía de alias “Alfonso Cano” en la dirección de las FARC? Y, ¿después de “Marulanda” y “Cano” qué?

Si las FARC entregaran las armas y se acogieran a un proceso de paz, ¿se acabaría la violencia en Colombia y todos viviríamos contentos? Ese es mi sueño como colombiano. Quisiera poder vivir en Colombia sin temor al secuestro, al terror y a la delincuencia común. Empero, no creo que el problema colombiano sea el paramilitarismo, el ELN, las FARC, la delincuencia común ni los cárteles de la droga. El problema es mucho más profundo. Por desgracia, la contrariedad de Colombia es la problemática de los países subdesarrollados.

El grave problema de Colombia es la mala distribución de las riquezas. Ello ha originado el surgimiento de guerrilleros, terroristas, narcotráfico y delincuencia común. Obvio, las desigualdades sociales no justifican nada de eso. Sin temor a equivocarme, los recursos naturales del país alcanzarían si fueran mejor distribuidos; quizá no para ser ricos todos y despilfarrar; pero sí para contar cada familia con el tener existencial.

Colombia es productor de petróleo, gas natural, carbón, hierro, níquel, oro, cobre, esmeraldas. Sus principales productos de exportación son los derivados del petróleo, café, químicos, carbón, alimentos, textiles, bananos. El país es el mayor proveedor de alimentos de Venezuela; es decir, Colombia produce para los colombianos y le sobra para alimentar a millones en el país vecino. (Irónicamente, muchos niños colombianos sufren desnutrición y mueren de hambre) Esto es, Colombia es una despensa para Venezuela, y eso lo sabe el parlanchín de Chávez; de ahí que su palabrería contra Colombia sea bulla y nada de nueces.

Con lo que produce Colombia y sus recursos naturales, su gente debería comer y vivir mejor. Mas la miseria y pobreza arropan a más de la mitad de la población del país. Ello debería ser una vergüenza y acicate en la conciencia del rico que malgasta y muere de indigestión. Y un desafío a la clase política que busca puestos públicos sólo para enriquecerse con demagogia. La acumulación de riquezas es un insulto en medio de tantos niños y ciudadanos que deambulan por las calles buscando qué comer y dónde pasar la noche.

Las guerrillas surgen por las injusticias sociales. Lo censurable es que muchas, si no todas, recurren al terror, porque a las buenas no consiguen nada. Y como “en el amor y la guerra todo vale” la guerrilla y los paramilitares en Colombia se unieron a los cárteles de la droga o se han dedicado al negocio para sufragar los gastos que provoca alimentar legiones dedicadas al terror. Esto es, la injusticia social y el poco caso que se le hace a quien clama por justas reivindicaciones sociales es el caldo de cultivo del terrorismo y delincuencia común.

La pregunta es: ¿cuál es la causa principal de la injusticia social y la mala distribución de las riquezas? La raíz de todo es el egoísmo. El desmesurado y excesivo amor a uno mismo, que provoca atender desmedidamente mi propio interés, sin importarme los del prójimo. Egoísmo revelado en ambición y avaricia. La ambición del que nada tiene por tener, ser rico o millonario. Y la avaricia del rico por tener más. “Raíz de todos los males es el amor al dinero”, escribió san Pablo. Erich Fromm diría que se sacrifica el ser por el tener.

¿Queremos que se acabe la guerrilla y desaparezca la delincuencia común en nuestras naciones? Los gobiernos deben fomentar justicia social, la mejor distribución de las riquezas, crear más y mejores plazas de empleo y atender al menesteroso. Toca erradicar el hambre y el desempleo. Mientras no se haga, la delincuencia común y la guerrilla harán de las suyas. En vano será que la policía y el ejército se armen hasta los dientes, si la injusticia social impera y los niños mueren de enfermedades curables y desnutrición.

Cambiemos el corazón para disfrutar de un mejor país. ¿Qué es difícil? No lo dudo. ¿Qué estoy soñando? No me negaré soñar un país donde los niños sean tomados en cuenta y no sean marginados por no tener dinero ni clase social. ¿Qué bueno es fácil y asequible a la vuelta de la esquina? Sólo lo malo es fácil y automático. Lo demás cuesta sacrificios, a veces hasta la vida.

Más información en www.laprensa.com.ni >>
© LA PRENSA 2005 - Todos los Derechos Reservados