MANILA .- Un jumbo de la aerolínea australiana Qantas con 345 pasajeros realizó el viernes un aterrizaje de emergencia al sufrir un boquete en su fuselaje tras una "explosión de descompresión", dijeron las autoridades.
No hubo heridos, pero algunos pasajeros vomitaron tras desembarcar del Boeing 747-400, dijo el subgerente de operaciones del aeropuerto Octavio Lina.
El piso de la cabina cedió, agregó Lina, lo que dejó al descubierto parte del contenido en la bodega de carga y parte del techo también se desplomó.
"Existe un enorme boquete en la parte derecha cerca del ala", según Lina, e indicó que tiene un diámetro de 2,5 a 3 metros (yardas).
Un informe de la Autoridad de Aeropuertos de Manila indicó que según el piloto John Francis Bartels, el avión sufrió una "explosión de descompresión". El investigador australiano de seguridad aérea dijo que a primera vista parece que "se separó una sección del fuselaje".
El director general de Qantas, Geoff Dixon, ensalzó la pericia y calma del piloto y el resto de los 19 tripulantes por la forma en que encararon el incidente.
"Fue una situación altamente inusual y nuestra tripulación respondió con el profesionalismo por el que Qantas es famosa", agregó.
El vuelo QF30, de Londres a Melbourne, acababa de hacer una escala en Hong Kong.
Los pasajeros dijeron a los medios informativos en el aeropuerto de Manila que escucharon una explosión, y que a continuación aparecieron las mascarillas de oxígeno.
"Pasada una hora de vuelo se escuchó un estruendo, y el avión comenzó a descender", contó la pasajera Marina Scaffidi, de 39 años y natural de Melbourne, a The Associated Press en una conversación telefónica desde el aeropuerto de Manila. "
La pasajera agregó que el boquete llegaba desde la bodega de carga a la cabina de pasajeros.
"El avión siguió descendiendo aunque no muy rápido, pero descendía", según Scaffidi, y agregó que el avión sobrevolaba el Mar de China cuando la tripulación informó a los pasajeros que se dirigían a Manila.
"Nadie se puso histérico", dijo Scaffidi.
Michael Rahill, un arquitecto de 57 y natural de Melbourne, dijo que la explosión se pareció "al reventón de un neumático, pero más violenta".