La Asamblea Constituyente, antes de entrar a votar el proyecto final de una nueva Constitución, aprobó unas cuestionadas resoluciones al apuro, en tanto un importante asambleísta renunció y afirmó que se vivía la última función de una “tragicomedia”.
La Asamblea se instaló a finales de noviembre en Montecristi, 250 kilómetros al suroeste de Quito, para elaborar una nueva Constitución. Tras una virtual carrera contrarreloj, el organismo ha anunciado que entregará el texto final en un acto de clausura encabezado por el presidente Rafael Correa este viernes.
El asambleísta León Roldós, ex Vicepresidente del país, anunció su renuncia a la Constituyente, aduciendo que “no seré parte de la última función de la tragicomedia” y denunció lo que llamó “claros sesgos de absolutismo y totalitarismo, de corte fascista” de parte del partido de gobierno, de Correa.
La Asamblea fue convocada para este jueves, a fin de realizar la última sesión para aprobar el texto de 444 artículos del proyecto de Constitución que deberá ser sometido a un referendo el 28 de septiembre para que la ciudadanía lo apruebe o rechace.
CON CUCHARA GRANDE
Pero aprovechando las últimas horas de vigencia de los plenos poderes con que cuenta la Asamblea, la mayoría oficialista en su calidad de Poder Legislativo aprobó sendas resoluciones para reestructurar la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que tiene a cargo la realización de las elecciones en el país y, por ende, el trascendental referendo de septiembre.
El partido Alianza País, de Gobierno, cuenta con una amplia mayoría de 78 asambleístas del total de 130 miembros, lo que le ha permitido aprobar casi sin contrapeso el articulado de la nueva Constitución y otras resoluciones en varios campos.
El asambleísta opositor Roberto Ponce señaló que “si el pueblo ecuatoriano aprueba esa Constitución, va a sufrir las consecuencias”.
El presidente Correa, que se define políticamente como un cristiano de izquierda, ha señalado que la nueva Carta Magna es una de las “más avanzadas del mundo” y la definió como un texto para “el siglo XXI”.