Aniquilar oponentes a base de poder fue la especialidad de Nolan Ryan. Pero también ha probado que puede agradar a la gente y llevarla al estadio. Desde antes de asumir la presidencia del club, sabía que la clave para atraer era ganar, pero los Rangers no ayudaron. Perdieron 16 de 23 juegos y se fueron al fondo.
Ryan, entonces, llamó a la mayoría de personas que habían comprado boletos por toda la temporada y les pidió un poco de paciencia y confianza en el club. A la par de ello, la prensa contaba los días del mánager Ron Washington y habló de candidatos para su puesto.
Pero el “Expreso de Texas” dijo que había que esperar. Los Rangers entonces, ganaron 16 de las 22 series siguientes, mientras empataban dos, y subían a .500, con un breve paso por el segundo lugar en el Oeste de la Liga Americana.
“La clave fue levantar la moral al personal y eso incluía a los peloteros”, dijo.
Y así fue. El equipo se ha sobrepuesto a las lesiones y aparte de convertirse en el club más ofensivo de Grandes Ligas (5.8 carreras por juego) se las arregla para ganar con el peor staff (5.9 carreras permitidas), que ha tenido que usar 12 abridores diferentes.
El alma del club ha sido Josh Hamilton, con la madurez de Ian Kinsler, la consistencia de Michael Young y el impacto de Milton Bradley. Ah, claro, y en el staff, la fiera ha sido Vicente Padilla, con 11 éxitos.
Sin embargo, nada de este desempeño fue previsto por los expertos. Se les envió directo al fondo, pero ellos se han resistido.