Durante la audiencia de ayer, en el reinicio del juicio por la muerte de Natividad Canda Mairena, en los tribunales de Cartago, dos testigos evidenciaron supuesta negligencia del guarda del taller, el dueño de los perros y los oficiales de Policía que no hicieron lo necesario para socorrer al nicaragüense mientras éste era atacado por los perros.
Más bien, algunos policías hicieron gestos de burla, según el testigo.
El tribunal descartó que la madre de Canda, Juana Francisca Mairena, continuara con su declaración, porque necesita atención sicológica y medicación antidepresiva.
Ayer comparecieron Denis Arias Quirós, alias “Banano”, quien fue compañero de andanzas de Natividad y es considerado testigo clave para la Fiscalía y la parte querellante, y Américo Quesada.
Arias narró que, al inicio, Canda fue atacado por dos perros rottweiler y un pastor alemán. Dijo que el 9 de noviembre de 2005, como a eso de las 11:30 de la noche, vio tirarse a Canda el muro trasero del taller Autos Romero, donde acostumbraba entrar con el consentimiento del guarda y ex suegro de su hermano, Luis Guillermo Hernández, para dormir en el local porque en el puente donde habitaban a veces hacía mucho frío.
Arias Quirós afirmó que junto a “Nati”, como le llamaban, durmió como tres veces en ese local, pero cuando estaba cuidando otro guarda. Dijo que el día fatídico observó desde un lote baldío donde había un autobús viejo y otros carros estacionados, cómo el nicaragüense era atacado por los perros, y dijo que Canda en medio de su angustia le pidió ayuda.
Arias habría hecho todo lo posible, según su testimonio, para atraer la atención de los guardas del taller, pero lo que logró fue que el guarda saliera al escuchar el ruido, pero éste regresó a la oficina, “como si nada pasara y apagó las luces”, dijo el testigo.
Arias siguió buscando ayuda y empezó a golpear la entrada principal del taller para que algún policía lo arrestara, pero que también ayudara a apartar a los perros, lo cual funcionó pues un guarda de seguridad lo esposó y llamó a la Policía.
Al llegar dos motorizados, lo único que hicieron fue hacer dos detonaciones hacia el suelo, al otro lado de la tapia, para espantar a los animales, pese a que ya en ese momento los vecinos pedían que hicieran más que eso.
Américo Quesada, otro testigo, dijo que el guarda Hernández le echó agua a los perros, unos 40 minutos después que apagó las luces.
El primer vehículo que entró al predio fue el de Fernando Zúñiga, dueño de los perros y del taller, según Quesada, pero aunque disparó en cuatro ocasiones hacia los lados, dijo tajantemente que a los perros no los iba a matar “porque este hijo de p... me está robando”.
También dijo que los policías presentes más bien hacían gestos de burla.