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A TRAVÉS DEL ATLÁNTICO
Hebe Schmidt, Madrid

Los bancos ecuatorianos ven en los emigrantes en España, Europa, una oportunidad de negocio

“Una auténtica catástrofe nacional”. Con estas palabras calificaba el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, el éxodo de ecuatorianos al exterior, a la par que firmaba un acuerdo con España para crear incentivos económicos para quienes quisieran regresar desde el Viejo Continente.

Pero los bancos ecuatorianos parecen tener una opinión distinta: para ellos, el millón de compatriotas que vive en España (la segunda comunidad de extranjeros más grande del país después de la marroquí) es una oportunidad de negocios. Y no es para menos: las remesas recibidas por Ecuador en 2007 alcanzaron 3,108 millones de dólares, de los cuales un poco más de 1,100 millones de dólares salieron de España, según el Banco Central de Ecuador.

El primero en asentar su oficina de representación en Madrid fue el Banco Guayaquil, en mayo de 2007. Detrás de él llegaron los bancos Pichincha —en octubre— y un mes después, el Bolivariano. ¿Su estrategia? Firmar convenios de colaboración con entidades españolas como el Santander, BBVA, la Caixa, Caixa Galicia y Caja Madrid, y remesadoras.

Tanto el Guayaquil como el Bolivariano perciben entre 0.75 y 1 por ciento de comisión sobre los montos que las remesadoras y entidades financieras ibéricas envían a Ecuador. A cambio, imprimen agilidad al servicio de entrega. “Pagamos en el mismo día, incluso antes de que se nos acredite la remesa por la diferencia horaria”, explica Fernando Salazar, presidente del Banco Bolivariano.

Y los bancos ecuatorianos tienen puesta su lupa en la bancarización. El dinero enviado, que antes era destinado en un 98 por ciento al consumo, ahora se invierte en hipotecas o emprendimientos. “Dos de cada tres hipotecas en Ecuador las gestionan familias de emigrados y las dos terceras partes de las cuentas bancarias son abiertas por ellos”, agrega Salazar.

El Banco de España les impide operar créditos, aceptar depósitos u ofrecer otro tipo de servicios, por lo que en un principio la banca española los miraba de reojo.

Pero luego visualizaron nuevos nichos: “Para comprar su primera casa en Ecuador, muchos ecuatorianos solicitan a bancos españoles préstamos de corto plazo (tres años) para entregar como anticipo del 30 por ciento de la hipoteca”, dice Euvenia Touriz, representante del Banco Guayaquil en España. “Y nosotros les financiamos el otro 70 por ciento en diez años”.

Para Francisco José Blanco Jiménez, profesor de economía aplicada y vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos de España, la alianza es eficiente. “El banco español conoce las condiciones del cliente en España y necesita bancarizarlo”, dice. “Y para los bancos al otro lado del Atlántico, el elemento que puede fidelizar a los clientes intercontinentales es el producto hipotecario”, indica.

José Santamaría, de Minority, una agencia de publicidad especializada en el target étnico, afirma que los inmigrantes representan un nicho de mercado interesante para trabajar en conjunto. “Tienen una imagen elitista de la banca española y más abocada al desarrollo empresarial”, dice. Por eso, estima que los bancos ecuatorianos dieron en el clavo. “Para el inmigrante es importante la seguridad de marca que le puede dar un banco de su país de origen”.

La unión hace la fuerza, parece ser el lema bancario en España.

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