publicidad
Managua
10:50 pm
19.07.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Política
Nery Moreno. (LA PRENSA/J. FLORES)
Exiliados también recuerdan la “revolución”
Judith Flores
CORRESPONSAL/MIAMI
publicidad

Miles de profesionales huyeron de Nicaragua antes que someterse al régimen sandinista en los años ochenta. La Seguridad del Estado acosaba a quienes manifestaban opiniones adversas a las del Frente Sandinista (FSLN), y algunos fueron hostigados y hasta torturados. En Miami comenzaron de nuevo, sin nada y sin que nadie les reconociera sus estudios, pero su calidad se impuso y hoy son personas de éxito. Cuatro de ellos cuentan sus experiencias a LA PRENSA.

“La represión llevó al país a la quiebra”

“Decidí venir a Estados Unidos porque no me gusta que nadie me controle. No me arrepiento de haber venido a este país (EE.UU.), aquí supe que podía aprender y hacer otras cosas sin que me estuvieran vigilando ni estarle rindiendo cuentas a nadie”.

Es la respuesta espontánea de la nicaragüense Nery Moreno, cuando le preguntamos por qué decidió exiliarse en Miami en la década de 1980, cuando Nicaragua era gobernada por el FSLN.

Moreno llevaba una vida estable. Su esposo Rolando, ingeniero civil graduado de la Universidad de Monterrey en México, laboraba para el Distrito (alcaldía) en Managua, en el área de infraestructura; mientras ella impartía clases de Arte Industrial y Diseño en la Universidad Politécnica (Upoli) y el Colegio Bautista.

Formaban una familia de clase media y su meta era invertir en la educación de sus dos hijos. Sin embargo, Nery tuvo que abandonar Nicaragua hace 28 años, con su esposo e hijos, porque se les hizo imposible vivir en medio de la revolución sandinista.

Sin embargo, sus capacidades profesionales fueron comprobadas en el exterior, porque Nery abrió pocos años después una Galería de Arte en Miami, Friends Art Gift Shop, donde los artistas nicaragüenses empezaron a exponer sus obras.

Casi tres décadas después, Nery y su esposo se dedican a un negocio propio, Nery’s Art Gallery, en el Centro Comercial Managua de la ciudad de Sweetwater, en el condado de Miami Dade.

EL PAÍS A LA QUIEBRA

Durante la guerra de principios de 1979, Nery salió temporalmente del país para proteger a sus hijos, pero al retornar a su casa del barrio Altagracia, en octubre de 1979, se topó con la sorpresa de que los vecinos la habían nombrado, en ausencia, responsable de propaganda del Comité de Defensa Sandinista (CDS), las nuevas organizaciones que tenían la misión de vigilar y controlar a los ciudadanos en cada calle.

“Fui a la reunión y no me gustó, pero me sentía mal decirlo porque la gente de mi barrio me quería y siempre me llevé bien con ellos; pero yo no era sandinista, así que decidí no quedarme en Nicaragua”, recuerda Nery. “Además, mi esposo era familiar de un alto funcionario del gobierno de Somoza y había trabajado también para el Gobierno”.

“Salió la cabeza de la economía, la clase media que era el motor, la que producía”, afirma al comentar cómo se fueron de Nicaragua profesionales y empresarios valiosos. “Fue a causa de la represión y eso llevó al país a la quiebra; han pasado casi 30 años y Nicaragua no ha logrado levantar cabeza”.

Rehacer la vida en Miami fue difícil para esta familia. Nery comenzó trabajando en una empresa que enmarcaba obras de arte. “Mis manos estaban desbaratadas, heridas y con mucho dolor por las noches; me daban deseos de regresar a mi país, pero sabía que no podía”, relata.

Nery vuelve a ver hacia Nicaragua, donde el sandinista Daniel Ortega gobierna por segunda vez, y considera difícil que este país mejore. “La vida está bien cara, no hay trabajo, no hay clase media, sólo pobres y ricos; los pobres, que son la mayoría, allá abajo y los ricos, que son muy pocos, arriba... No hay ilusión en ese pueblo”.

En consecuencia, Nery Moreno observa un nuevo éxodo de nicaragüenses hacia Estados Unidos y otros países.

“Se perdió el motor que empuja una economía”

Rosario Saavedra Román, profesional destacada en el Sur de la Florida, se fue de Nicaragua con su esposo, tres hijos, sus padres y cinco hermanos. Una razón muy fuerte la obligó a buscar el exilio poco antes de que el Frente Sandinista tomara el poder: los guerrilleros asesinaron a su tío Rafael Saavedra, quien era director general de Aduanas.

“Vimos que nuestra seguridad personal estaba en riesgo, era inminente, en la vida nunca pensamos dejar nuestro país, no era nuestra meta”. Rosario, quien ya poseía dos licenciaturas, una en Ciencias de la Educación y otra en Derecho, era copropietaria de una escuela bilingüe, mientras su esposo se desempeñaba como arquitecto.

“Para mí, el integrarme (en EE.UU.) no fue tan difícil porque yo hablaba inglés, eso me abrió puertas; pero mi esposo no y eso hizo que la situación fuese un poco difícil”, recuerda Saavedra. “Durante 15 años tuve dos trabajos, enseñaba inglés para adultos por las noches y durante el día trabajaba en diversas cosas, porque había que mantener a tres muchachos (sus hijos) y a hermanos pequeños que estaban en secundaria”.

En medio de las dificultades, se interesó en ayudar a otras mujeres en Miami “que a lo mejor en Nicaragua no habían tenido que trabajar por ser esposas de profesionales” y “fundamos una Asociación Cívica de Mujeres Nicaragüenses, para orientarlas, porque sabíamos que si educábamos a una mujer estábamos educando a una familia”.

Rosario Saavedra, 29 años después, es la directora de relaciones interinstitucionales del Miami Dade College.

INSTITUCIÓN, NO CAUDILLOS

Estima que al menos 400 mil nicaragüense huyeron del país durante los diez años de revolución sandinista, entre 1979 y 1989. “Yo creo que eso coartó el crecimiento (económico) porque la clase media, la clase trabajadora y la profesional, es el motor de una economía; el estar preparado académicamente hace una gran diferencia, un país falto de eso es como tener una mesa sin una pata, se perdió el motor que empuja una economía”.

Rosario también lamenta que los gobiernos posteriores al sandinismo desaprovecharon, en la década de 1990, la oportunidad de atraer a los profesionales que emigraron en los años ochenta.

A su criterio, un problema serio en Nicaragua es que la población ha centrado sus esperanzas en personajes (caudillos) y no en la institución. “En Estados Unidos puede ser Presidente un actor, como fue Ronald Reagan, un profesional, sin embargo se va, pero es la institución de la Presidencia la que queda y da ese sentido de gobernabilidad”, comentó.

“Perdimos todo... Pero la que más perdió fue Nicaragua”

A principios de los años ochenta, Edgard Roa era un joven ingeniero electromecánico con un futuro prometedor en Nicaragua. Recién había formado una familia, tenía una hija con un año de edad y planeaba cursar una maestría. Tenía un buen trabajo, como director de área en la Refinería Esso.

Sin embargo, una explosión en el conducto subterráneo de petróleo en Puerto Sandino cambió el curso de su vida. El Gobierno sandinista dijo que se trataba de un sabotaje de la Contrarrevolución y Roa, por ser el encargado del mantenimiento del área, se convirtió en uno de los principales sospechosos.

“Me vi acosado por la Inteligencia sandinista, me hostigaban a toda hora, acusándome que había participado del complot de dinamitar la manguera subterránea de Puerto Sandino... Al ocurrir esa explosión no hubo trasiego, no hubo petróleo y eso implicaba que la economía se detenía”, relata Roa 25 años después de haber salido hacia Miami.

La Seguridad del Estado, el órgano represivo del sandinismo, interrogó a todos los trabajadores de la Refinería, pero se concentró en el staff de ingenieros encargados de la zona de los tanques de almacenamiento.

Roa recuerda que fueron aislados durante una semana, sin poder ir a sus hogares y sometidos a largos interrogatorios individuales. “Nos acusaban de que nosotros éramos los culpables y que sabíamos lo que iba a suceder, nos interrogaban a cualquier hora del día”.

EDUCACIÓN POLITIZADA

Otra situación que contribuyó para que Roa decidiera salir pronto de Nicaragua fue la educación politizada que el Gobierno imponía a los niños. Cerca de su casa en Managua, en residencial Bello Horizonte, había una escuela donde se percató de la gravedad del caso.

“Mirábamos cómo a los niños los ponían en fila y les hacían cantar los himnos del Frente Sandinista y les enseñaban consignas; eso me hizo temer por el futuro y la educación de mi hija que para entonces tenía 12 meses de edad”, rememora.

Su esposa viajó antes a Estados Unidos y él se reunió con ella en diciembre de 1983, para comenzar una nueva vida en que pasó de profesional a obrero.

“Salí con mucho pesar de Nicaragua... Fue una transición muy dura, creo que para todos los profesionales que salimos de Nicaragua venir acá (EE.UU.) y saborear otro estatus de trabajo es realmente frustrante al comienzo, pero uno va aprendiendo... Ahora lo digo con orgullo”.

Roa tiene hoy su propia empresa que opera en Florida y otros estados de la nación estadounidense.

Según estudios, Nicaragua perdió más de diez mil profesionales en la década de los ochenta. Cerca de medio millón de nicaragüenses emigraron, la mayoría hacia Estados Unidos.

“Nosotros perdimos todo lo que dejamos atrás, familia, bienes materiales y propiedades, pero la que más perdió fue Nicaragua; esa pérdida que tuvo Nicaragua no la ha podido superar a casi 30 años de revolución”, afirma Edgard Roa.

“Toda la fuerza profesional, técnica, la clase empresarial, la clase media baja y alta salió y Nicaragua quedó vacía; por eso es que los sandinistas se dieron a la tarea de producir técnicos en masa”, explica.

“No había producción, todo estaba mal manejado por el Gobierno porque todo estaba centralizado”, recuerda Roa. “Había mucha represión, el Gobierno era el único empleador, todo lo tenía centralizado y para ser empleado del Gobierno tenías que comulgar con las ideas de ellos; por eso muchos profesionales no queríamos estar en esa posición”.

“Estuve preso sin saber por qué”

Para César Caracas, maestro del pincel acostumbrado a la creación artística, sólo imaginar que en cualquier momento la Seguridad del Estado podía estar de nuevo frente a las puertas de su casa para apresarlo, le aterraba.

Nicaragua vivía entonces bajo represión y en guerra. Cualquier persona sospechosa de estar en desacuerdo con el régimen sandinista estaba amenazada con ir a la cárcel; y el pintor vivió esa persecución.

Han pasado casi 25 años desde que Caracas fue apresado por la Seguridad sandinista, pero en su mente persisten las imágenes de las torturas físicas y sicológicas a que lo sometieron; y su mayor temor hoy es que la historia se repita, porque el sandinista Daniel Ortega Saavedra está gobernando de nuevo.

Fue tanto el acoso político que el pintor tuvo que huir del país sólo con la ropa que llevaba puesta. Dejó casa, enseres, todo lo que había logrado construir con esfuerzo durante años de trabajo. Los sandinistas le confiscaron la casa después.

Caracas estuvo encarcelado durante un mes, sin que hasta hoy conozca las razones. Fue sometido a interrogatorios largos. Fue torturado porque no respondía lo que sus verdugos querían oír. “Querían que les dijera que era contrarrevolucionario y un colaborador de la CIA (Central de Inteligencia Americana), cuando no lo era; lo que siempre he hecho es pintar y esculpir, nunca he hecho otra cosa”.

DESNUDO LO METIERON EN CAJÓN

Una de las torturas más difíciles que soportó este hombre con seis pies y tres pulgadas de estatura, es haber sido obligado a meterse desnudo dentro de una pequeña caja de madera, donde permaneció en posición fetal hasta por seis horas cada vez que a sus verdugos se les antojaba humillarlo de esa forma.

“Es una cosa horrible, los músculos están tan contraídos que era difícil salir de esa caja y caminar, es indescriptible”, relata todavía con una expresión de miedo.

“Hubo una persona con influencias (en el gobierno sandinista) que quiso ayudarme a salir del encierro”, recuerda Caracas. “Él les decía que yo podía morir, pero nunca hicieron eco a la petición y ahí estuve hasta que quisieron”.

“Recuerdo que en varias ocasiones ya cansado de tantas y las mismas interrogantes, me preguntaban cuál era mi nombre; yo respondía que César Caracas y ellos me decían que no, que yo era el 11-10, ésa era mi número de reo. Me repetían que no debía olvidarlo y que cuidado se me olvidaba”.

En las madrugadas el pintor sufría de otra forma. “Me sacaban desnudo apuntándome con una ametralladora, me echaban agua helada, era tratado peor que animal”.

El problema de César Caracas comenzó cuando se negó a afiliarse a la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC), que dirigía la esposa de Daniel Ortega, Rosario Murillo.

“Recuerdo que los que estaban afiliados (a la ASTC), aunque fuesen artistas nuevos, desconocidos, los premiaban mandándolos a realizar exposiciones a Polonia y otros países afines al sandinismo. El que no se afiliaba era visto como rebelde”, comenta la también pintora Mariadilia Martínez, esposa de Caracas.

Cuando lo dejaron en libertad, un mes después, Caracas salió convencido de que tenía que abandonar pronto el país. Todavía pálido y delgado llegó a Miami, donde su primer trabajo fue de vigilante. Eso hizo durante siete años, noche a noche, mientras de día dormía y pintaba.

“Nunca dejé de pintar y gracias a Dios mis trabajos siempre se han vendido, hasta que llegó el momento de dedicarme sólo a la pintura”, dice más de dos décadas después César Caracas. “Me ha ido bien, me siento un triunfador porque hasta el día de hoy lo que perdí en Nicaragua, y lo que poseo ahora, lo he ganado a puro pincel”.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda