En la nota de LA PRENSA del jueves que reportaba sobre la marcha organizada por la Coordinadora Civil y otras organizaciones, me llamó la atención una frase de uno de los participantes. Decía la nota que a la altura del Hotel Crowne Plaza apareció un motociclista con una bandera del Frente Sandinista y uno de los marchistas le gritó que si llevaba con orgullo esa bandera se debía a que (el presidente Daniel) Ortega “no lo obligaba a comer salteado”.
A 18 meses de gobierno danielista una cosa está clara, el nicaragüense está peor que en los gobiernos anteriores. El danielismo se esfuerza por montar actos de prestidigitación: concentraciones varias veces por semana, rótulos por todos lados proclamando frases huecas, proyectos “sociales” que no terminan por ineficiencia o corrupción y que tienen un alcance limitadísimo en la población, todo bien aderezado con retórica, demagogia y confrontación en cantidades industriales.
Cada noche oímos al compañero comandante pueblo presidente Daniel culpar de los problemas a la oligarquía… o al yanqui… o al europeo… o a la transnacional… o a la microfinanciera… o al neoliberalismo… en fin, cualquiera menos él y su equipo que no da pie con bola.
Pero la realidad no se puede tapar. La inflación es descomunal (“eso es así en todo el mundo ahorita” dicen los danielistas, sin explicar por qué aquí es el doble más alta que en el resto de Centroamérica).
El efecto de la inflación, como han dicho los economistas, es que la gente cada día es más pobre. La inversión está cada vez más deprimida en todos los rubros. No se ha creado un solo nuevo empleo en 18 meses. La famosa urea nunca vino. Ya se está hablando de que la economía no va a crecer ni el tres por ciento. La gente está perdiendo sus empleos, el que comía frijoles, ahora los come salteados; el que comía carne ahora come frijoles; el que podía darse sus gustitos saliendo a pasear con la familia de vez en cuando ahora se queda en la casa. Y hablo de los que tienen la suerte de tener trabajo.
Eso es lo que está moviendo a la gente a las calles. Miles han salido de una manera que no se veía en décadas. Y para mala suerte del danielismo salen no preocupados por “la institucionalidad” o “la democracia”. Lo peor para el danielismo es que salen porque sienten que este Gobierno les está tocando el bolsillo, el estómago, y ésa es una realidad que los despierta cada día.
En sólo 18 meses, o sea 540 días, Ortega ha perdido el apoyo del 50 por ciento de la gente que votó por él. Ya no digamos que haya ganado el apoyo de un solo nicaragüense más. Éste debe ser otro récord para el compañero comandante pueblo presidente Daniel, como el 30 mil por ciento de inflación al año.
Hoy van a llenar la plaza, pero ellos saben que plazas llenas nunca han ganado elecciones. Ellos saben que no tienen el apoyo de la población, por eso la desesperación y la manipulación descarada ahora que vienen las elecciones porque no las pueden ganar, lo único que pueden hacer es que la mayoría las pierda. Y la gente las pierde si se queda en la casa el domingo 9 de noviembre.
La cosa no es fácil porque el danielismo, junto al arnoldismo zancudo han dejado a la gente casi sin opciones, pero la ventaja es que las elecciones son municipales, no es un candidato, son 153 y en cada municipio seguro hay un candidato bueno de los pocos que quedaron… o regular… o menos malo, comparado con el danielismo. Cada ciudadano debe salir a votar. Cada municipio que pierda el danielismo es un paso hacia la mejoría del país. Compare su situación de hoy con la de hace dos años y se dará cuenta que en su voto se está jugando su próximo plato de comida.