Ahora que el Juego de Estrellas y toda la magia que le rodeó el martes en el Yankee Stadium, ha quedado en el recuerdo, y pronto en los libros, llegó el momento de volver a jugar. Se trata de la continuación de una temporada que ha ofrecido proezas cargadas de dramatismo, algunas decepciones, las infaltables sorpresas y múltiples historias inspiradoras. Ya se ha puesto en marcha la segunda mitad de la campaña, “que es cuando realmente inicia la temporada”, solía decir el desaparecido Billy Martin. Y veremos qué nos depara. ¿Pero qué fue lo más impactante en la primera mitad? ¿Qué resultó más sorprendente y que nos ha decepcionado más? Hagamos un recuento de los detalles que han dejado huella.
EL ACCIONAR DE TAMPA
Lo primero que hicieron fue “exorcizar” sus demonios. Se despojaron de la palabra Devil (diablo) de su nombre y quedaron sólo como Rays. Y hasta promovieron un concurso en el que se multaba a cualquier miembro de la organización que dijera Devil Rays. Luego se dedicaron a ganar partidos. Y a la pausa del Juego de Estrellas, tenían 55 victorias, una cifra significativa, si tomamos en cuenta que nunca han pasado de 70 éxitos en una temporada durante sus diez años de historia. Su clave ha sido la madurez de sus jóvenes y la mezcla de ciertos veteranos, lo que permite, un pitcheo abridor sólido, defensa cerrada y una ofensiva, que sin excederse, produce lo necesario. Se les vio mal —siete derrotas seguidas— y van hacia la etapa de mayor presión. Vamos a ver de qué material están hechos.
LA FURIA DE HAMILTON
El aterrizaje de Josh Hamilton en Texas tiene varias aristas. Primero, es una demostración de la fortaleza del espíritu humano. Después de tres años y medio atenazado por las drogas y el alcohol, logró zafarse y ha puesto la realidad a la par de las expectativas que se tuvo sobre su talento cuando fue primera escogencia en el draft de 1999. Su gran accionar (.321, 21 jonrones y 95 remolques) ha catalizado el ataque de los Rangers, que se han vuelto el equipo más ofensivo del beisbol (.283 colectivo y 5.6 carreras por juego) y tiene entusiasmada a la gente del área de Dallas. Además, sacudió las entrañas del Yankee Stadium con su despliegue de poder en el Festival de los jonrones, y ha hecho que Jon Daniels, el gerente de Texas, conserve su puesto después de muchos desaciertos.
NO HITTER DE LESTER
El muchacho que hace un año luchaba por sobrevivir a un cáncer, estaba sobre la cresta de la ola, para darle un significado distinto a la inmortalidad, la noche del 19 de mayo ante 37 mil 747 personas en el Fenway Park, de Boston. Jon Lester, quien se perdió la mayor parte de la temporada del 2007 debido al cáncer, forjó su inspirada obra 7-0 ante los Royals, con nueve ponches tras una jornada de 130 disparos. Aún con toda la pirotecnia que naturalmente la prensa daría a esta historia, ciertamente fue espectacular apreciar a Lester sujetando a los Royals y enviando un señal de esperanza a quienes luchan contra ese terrible mal, que día a día tiene mayor cantidad de víctimas. Pero Lester salió a flote e inscribió su nombre en la historia, mientras redefinía la sobrevivencia.
JOHNSON SUPERA A CLEMENS
El kilométrico chavalo que puso a prueba la paciencia de su padre con disparos hacia todos lados, menos hacia el guante de catcher que usaba su progenitor, y que más tarde hizo lo mismo con los Expos, hasta ser enviado luego a Seattle, donde logró controlar su electrizante recta, le cruzó un disparo de 95 millas a Mike Cameron, de Milwaukee, la noche del 3 de junio, en el Miller Park, y dejó atrás a Roger Clemens en la lista de máximos ponchadores de la historia con 4,674 abanicados. Johnson está ahora sólo detrás de Nolan Ryan, quien con 5,714 “fusilados” encabeza la lista de tiradores macabros. Quizá lo más grandioso de Johnson no es sólo que lo consiguió a sus 44 años, sino que alcanzó esa cifra, capeándose de una seguidilla de lesiones que lo han acosado.
GRIFFEY CON 600 HR
El artillero del “dulce swing” e inmaculada trayectoria como aporreador, incluso en esta época en la que los esteroides aparecen en todos los paquetes de envío, se unió al selecto club de bateadores de 600 jonrones el 9 de junio, después de meter en los asientos del jardín derecho, un disparo del zurdo Mark Hendrickson, de los Marlins. Cuando debutó en las Grandes Ligas a los 19 años, Griffey Jr. dijo que sólo deseaba superar los 152 tablazos que conectó su papá en su carrera, pero ahora estaba rodeado de celebridades como Hank Aaron, Babe Ruth, Willie Mays, Sammy Sosa y Barry Bonds, los únicos cañoneros de 600 toletazos en la historia. En realidad, Griffey debería tener 700, pero las lesiones lo han perseguido siempre, quitándole tiempo de juego, pero no empañando su grandeza.
¿Y PADILLA?
Para nosotros, un país carente de figuras de jerarquía, haber contado con un lanzador como Vicente Padilla, ganador de 10 partidos con los Rangers, fue verdaderamente un impacto.
Aún con las discretas salidas que tuvo al final, Padilla fue el principal generador de emociones para los fanáticos pinoleros y es el depositario de muchas ilusiones, incluso, hay quienes creen que puede ganar 20 juegos, un cifra muy esquiva.