Estando en Matagalpa el pasado fin de semana, durante toda la noche del sábado y la madrugada del domingo llovió sin cesar, tanto que a eso de las 2:00 ó 3:00 de la madrugada pensé en el diluvio.
Allí mismo, durante mi niñez, primero en casa de la abuela y después en las clases de Catecismo, conocí la leyenda bíblica del Diluvio Universal. Me fascinaba, sobre todo que un hombre mortal, el patriarca Noé, hablara de vos a vos con Dios. Y pensaba en el trabajo del bondadoso patriarca hebreo, escogiendo a los animales, una pareja de cada especie, para embarcarlos en la fabulosa Arca, junto a las otras siete únicas personas que fueron escogidas por Dios para salvarse del Diluvio Universal.
Mucho tiempo después, estando de visita en Armenia, fui a la frontera con Turquía para ver el monte Ararat, en cuya cumbre permanentemente nevada según el relato bíblico se posó el Arca de Noé, cuando dejó de llover después de cuarenta días con sus respectivas noches. Y me contaron entonces que en la cima del Ararat hay depósitos de sales marinas, lo cual demuestra que en alguna época remota estuvo cubierto por las aguas. Sin embargo, hasta hoy no se han encontrado restos del Arca de Noé, aunque los siguen buscando.
El Ararat le pertenece ahora a Turquía como resultado, creo, de la última guerra entre ambos países vecinos. Pero el monte Ararat es el símbolo nacional de Armenia, está en su bandera patria, en el nombre del país, en el corazón de todos y cada uno de los armenios. Y como en la cima del Ararat se posó el Arca de Noé, la leyenda judeo-cristiana del diluvio también forma parte del sentimiento nacional y de la historia legendaria de Armenia.
Cuando fui a Armenia este país era una de las 15 repúblicas federadas de la URSS y estaba dominado por el régimen comunista soviético. Pero la intérprete que nos acompañaba me contó confidencialmente algunos aspectos de la historia y de la leyenda cristiana del país, sobre lo cual en aquel entonces era prohibido hablar. Así supe que los armenios llaman a su país Hayastán, que significa “Tierra de Hay”, quien fue el padre de la nación Armenia y según la leyenda era hijo de Togarma, a su vez hijo de Cimerios, el hijo de Jafet, que según la Biblia fue uno de los tres hijos de Noé (los otros dos eran Sem y Cam). O sea que Hay, el fundador de Armenia, era tataranieto de Noé.
Del mismo modo supe también el dato significativo de que Armenia fue el primer país que adoptó el cristianismo como religión oficial, antes que Roma. En efecto, en los libros de historia se puede verificar que Armenia, bajo el reinado de Tiridates III, en el año 301 después de Cristo, se proclamó oficialmente como una nación cristiana gracias a la fructífera prédica de San Gregorio el Iluminador, ahora santo patrón de la Iglesia apostólica armenia.
Otra leyenda cristiana vinculada a la historia de Armenia es la de los Diez Mil Mártires del Monte Ararat, quienes supuestamente fueron soldados romanos a quienes se les crucificó en el Ararat, por orden del emperador, como castigo por haberse convertido al cristianismo y no renegar de su nueva creencia.
Pero volviendo al diluvio, es interesante mencionar que éste es precisamente uno de los puntos de conexión que hay entre la mitología griega y las creencias religiosas judaica y cristiana. Así lo veremos.