Libertad de expresión
Nicaragua, como pocos países en el mundo, ha desarrollado una especial veneración a la “libertad de expresión”. Ese culto se origina en un periodismo aguerrido que ha enfrentado dictaduras y censura, poniendo incluso su propia sangre en la tarea de informar a la sociedad. En medio de la libertad de expresión se coló, sin embargo, el periodismo amarillista, que se desató como huracán principalmente en los noticieros televisivos. Paradójicamente, a pesar de que la libertad de expresión cobija a la nota roja, ésta se volvió pronto una amenaza para ella. Fue por la nota roja que algunas voces comenzaron a pedir que el Estado regulara el ejercicio periodístico cuando en las pantallas de televisión comenzaron a aparecer periodistas entrevistando a moribundos, refocilándose en la sangre y a veces hasta promoviendo la violencia con el deliberado propósito de captarla en directo con sus cámaras. ¡Todo por el rating!
Propagandistas
Tanto o más pernicioso que el periodista de nota roja ha resultado otro espécimen que ha revivido con fuerza en los últimos dos años: el agitador y propagandista. Este tipo de periodista se declara abanderado de una causa ideológica y se cree “combatiente” en una batalla mundial imaginaria. No pretende informar, sino imponer una forma de pensamiento. Desprecia el equilibrio de fuentes; opina descaradamente en las “noticias”; manipula las declaraciones para, a través de trucos de edición, hacer que sus entrevistados terminen diciendo lo que el medio quiere que digan; musicaliza y distorsiona imágenes y al final, como es lógico, más que noticias transmiten propaganda pura.
Cobijados
El problema es que los periodistas de nota roja y los agitadores propagandistas están devaluando la profesión. Cobijados por la libertad de expresión están luchando para destruirla. Ataques a la libertad de expresión, alega el periodista de nota roja cuando familiares de la víctima, indignados, apedrean al equipo abusador, y ataques a la libertad de expresión alega el agitador cuando su misión partidaria termina en trifulca. Y, aunque parezca contradictorio, en nombre de la libertad de expresión debemos reconocer el derecho que tienen a hacer lo que hacen, aunque, a nuestro criterio, resulte dañino para el oficio en que se han cobijado.
Compadres hablados
Fíjense cómo actúa la propaganda disfrazada de periodismo, que en los espacios de entrevista en vivo que tienen algunos canales de televisión oficialistas, nunca llevan a alguien ajeno a su línea ideológica. Y cualquier estudiante de periodismo sabe que el mejor entrevistado es aquel a quien se puede cuestionar, aquel que debe enfrentar preguntas difíciles y no “bolas pasadas”. Pero este tipo de periodismo prefiere los compadres hablados, no vaya a ser que terminen oyendo algo que no quieren oír. En contraposición, los militantes afines a este tipo de periodismo nunca van a los espacios de entrevistas de otros canales de televisión, no vaya a ser les terminen preguntando lo que no quieren responder.
Piñatera
En el intento de atacar a Carlos Mejía Godoy, el periodista de Canal 4, Nelson Hurtado, terminó llevándose en el saco a su jefa, Rosario Murillo, a quien acusó de piñatera. “Carlos Mejía se piñateó una casa que le regaló Rosario Murillo”. Si fue Rosario Murillo quien regaló la casa a Mejía, fue Murillo quien la piñateó, según la versión del periodista oficialista. ¿O no es así? Explicanos por favor, Hurtado.