Testimonio de la madre podría botar argumentos de que Canda era un desconocido
La madre de Natividad Canda no logró concluir su declaración en la que iniciaba a relacionar a su hijo con el guarda de seguridad del taller donde fue destrozado por dos perros, porque el dolor, impotencia y llanto le provocaron una crisis hipertensiva.
El drama de Juana Francisca Mairena intentando contener las lágrimas con una pequeña toalla, le cambió el rostro al juicio y le puso fin anticipado a una audiencia que, desde el arranque, el lunes anterior en los Tribunales de Cartago, ha estado salpicada de polémica y legalismos.
La audiencia inició cerca de las 9:00 a.m., y la juez Rosibel López ordenó seguir el curso del juicio, dejó para el final del debate resolver las objeciones que Arce y otros dos defensores plantearon contra la acción Penal y Civil presentada por el abogado de Mairena, Luis Fernando Sáenz.
También dejó para el final resolver los supuestos vicios planteados por la Procuraduría contra la acción Civil que busca una retribución económica de parte del Estado, a favor de Mairena.
Superada esta polémica, que molestó a la defensa, fueron llamados al banquillo para que conocieran los señalamientos en su contra los ocho policías, Fernando Zúñiga el dueño de los perros y Luis Guillermo Hernández el guarda de seguridad que supuestamente impidió que la Policía ingresara a tiempo al sitio donde Canda era atacado. Aunque la juez dio oportunidades de declarar, no lo hicieron.
Los defensores fustigaron el hecho de que Mairena haya sido aceptada por el tribunal como testigo, pues fue presentada por el abogado Sáenz de “último momento”, es decir, no fue incluida al inicio de proceso.
Los defensores querían evitar que Mairena explicara la relación del guarda privado, suegro de su hijo Regino, con Natividad, lo que invalidaría el argumento de que Canda se metió al taller como un desconocido a robar. La defensa sostiene que Canda entraba al lugar con consentimiento de Hernández, quien de vez en cuando le regalaba aluminio para que lo fuera a vender.
En su breve intervención, Juana Francisca Mairena explicó que Natividad emigró a Costa Rica tras dejar la escuela por falta de recursos, a buscar fortuna al lado de su hermano Regino, quien ya habitaba en Cartago. “(Natividad) Me mandaba entre 200 y 300 dólares mensuales (…)”, explicó.
Mairena sostuvo que su hijo sufrió vejámenes de parte del guarda, pues vivían en la misma propiedad en la cual residía Regino y una de las hijas del guarda.