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Esperanza en la sociedad civil
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La gigantesca marcha cívica que se realizó ayer en Managua por la defensa de la democracia y contra la conspiración de Daniel Ortega y el FSLN para imponer una nueva dictadura, venció todas las presiones del Gobierno para tratar de impedirla o deslucirla y ha sido otra gran derrota que el pueblo le propina al pactismo y la corrupción.

En realidad, la multitudinaria respuesta popular a la convocatoria de la Coordinadora Civil —la cual representa a numerosas organizaciones de la sociedad que funcionan en los más diversos ámbitos de la vida social nicaragüense—, ha sido una clara demostración de que los ciudadanos están cansados de la corrupción, de los abusos de poder, de la incapacidad de gobernar y de la insensibilidad ante los muchos y graves problemas sociales, y por lo tanto están hartos de las mafias políticas que se han repartido el Estado como botín y lo manejan como si fuese su hacienda patrimonial. Dicho más específicamente, la enorme marcha de ayer y las otras grandes manifestaciones cívicas anteriores, son una demostración inequívoca de repudio y desprecio popular al Frente Sandinista de Daniel Ortega y al PLC de Arnoldo Alemán.

Cada vez son más las personas que están convencidas de que por su bancarrota moral y su fracaso como intermediarios y representantes de la sociedad y los ciudadanos ante el poder público, los partidos políticos deben ser reemplazados por la sociedad civil. Eso no quiere decir que se desconozca el mérito que tienen los partidos minoritarios que se pronuncian contra el pactismo y la corrupción y por lo tanto apoyan las manifestaciones masivas de la sociedad civil. Tampoco significa ignorar que aún dentro de los partidos hegemónicos y corruptos que han devenido o degenerado en mafias políticas, hay personas sanas a las cuales es posible y necesario rescatar. Pero es obvio que esos elementos sanos que seguramente existen dentro de los partidos autoritarios y corruptos, no tienen capacidad ni posibilidad de sacudirse el yugo de los capos partidistas. Y en cuanto a los partidos minoritarios que critican el pactismo y la corrupción, no hay ninguna garantía de que en el caso de que se convirtieran en mayoritarios y pudieran asumir el poder del Estado, no harían lo mismo que las mafias políticas que hoy desgobiernan el país.

Sin embargo, la sociedad civil no puede sustituir a los partidos políticos ni es ése su objetivo. La sociedad civil, según la definición de Wikipedia “designa al conjunto de las organizaciones e instituciones cívicas voluntarias y sociales que forman la base de una sociedad activa, en oposición a las estructuras del Estado y de las empresas. Esta definición incluye pues a las organizaciones no lucrativas o no gubernamentales como las asociaciones y fundaciones”. Y agrega Wikipedia que: “Aunque las entidades de la sociedad civil no tienen por qué ser necesariamente políticas suelen tener influencia en la actividad política de la sociedad de la que forman parte”.

Es decir, que la sociedad civil puede tener influencia política pero no sustituir a los partidos políticos porque entonces dejaría de ser sociedad civil. Mas, su influencia en la sociedad política puede ser determinante en un país como Nicaragua, donde los dirigentes de los partidos cuando suben al poder dejan de sentirse ciudadanos porque su propósito es capturar al Estado para ponerlo al servicio de intereses personales o sectoriales, no con el fin de usarlo como medio de servicio público, ni para cumplir los compromisos que adquirieron cuando andaban en campaña pidiendo los votos de los ciudadanos.

Esta aberración de la política partidista no es sólo de los dirigentes de los partidos, sino también de sus afiliados y simpatizantes, quienes han dejado de exigir políticas públicas, plataformas programáticas, líderes de calidad, transparencia gubernamental y espíritu de servicio público, y se han dejado atrapar en las viscosas redes del caudillismo, el clientelismo y la corrupción. De modo que, repetimos, en una situación como ésta la sociedad civil puede y debe jugar una función muy importante, en el sentido de movilizar y educar a los ciudadanos que no participan en la política partidista, así como para reeducar a las personas que contra sus propios intereses apoyan a los políticos mafiosos, a fin de que reconstruyan sus partidos sobre bases de principios y valores.

Finalmente, no está demás advertir que la sociedad civil sólo puede cumplir esa función educativa, si sus líderes evitan caer en los mismos vicios y errores de la desacreditada dirigencia partidista.

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