Hace aproximadamente un año escribí un artículo que titulé “El PLC y el síndrome del borreguismo”. De esa fecha al día de hoy algunas cosas han cambiado pero otras siguen igual en ese partido. Entre las que siguen igual está el control que continúa manteniendo Alemán sobre sus incondicionales, a los que pomposamente llama “comité ejecutivo nacional”. Según algunos, fueron semanas de ardua labor las que pasó Arnoldo quitando y poniendo convencionales para evitarse sorpresas. Todas las versiones que he escuchado de la convención confirman lo siguiente; abrieron la sesión con el Himno Nacional, acto seguido alguien confirmó la constatación del quórum de ley, que a propósito nadie vio contar, uno de los allegados a Alemán leyó los cinco puntos de agenda para luego preguntar que si se aprobaban, a lo que respondieron con gritos y algunos aplausos. Actitud que fue interpretada por dicha persona como un “sí” para luego volverse hacia Alemán y afirmar que todos los puntos habían sido aprobados por unanimidad. El momento culminante se vivió cuando anunciaron al líder, los aplausos y gritos de Arnoldo, Arnoldo no se hicieron esperar, Alemán comenzó su discurso con las ya consabidas poses largamente ensayadas para mostrar una dignidad que está muy lejos de poseer, poses que unidas a sus célebres dicharachos hicieron las delicias del público que con esmero se fabricó.
Lo que dijo ya ha sido reproducido por los medios de comunicación. Pero una anécdota digna de mencionar fue el comentario de una dama que logró entrar cuando un tumulto de liberales introdujo a Quiñónez a la fuerza al evento. La dama en cuestión no cesaba de repetir “qué barbaridad, si existiera un hipocritómetro hoy Arnoldo lo hubiera explotado”, aparentemente se refería al perdón que solicitaba por haber permitido el triunfo de Ortega en las pasadas elecciones, además de dar las gracias a Quiñónez por reconocerlo como el más ferviente defensor de su “inocencia” y al apoyo que públicamente ofreció brindarle a Montealegre, tanto en la defensa de su desafuero como en su lucha por lograr la Alcaldía de Managua. Afirmaciones que por supuesto nadie creyó, pues Quiñónez es hoy su peor enemigo por el hecho de haberlo desenmascarado ante las bases del PLC por su pacto con el FSLN, a la vez que públicamente ha retado su liderazgo en ese partido.
En cuanto a Eduardo Montealegre, todavía está fresca la tinta que usaron los magistrados arnoldistas del CSE para despojarlo de la presidencia de ALN, al igual que la presunción penal y administrativa que le impusieron sus contralores de la CGR, sin olvidar la resolución del Tribunal de Apelaciones, que dejó a Montealegre a merced de los jueces orteguistas.
No hace falta ser adivino para darse cuenta de que si Montealegre y Quiñónez logran ganar la Alcaldía de Managua, tanto sus días de máximo líder, como sus pactos y componendas con Daniel Ortega se irían al carajo. Motivo por el que coincido plenamente con la graciosa ocurrencia de dicha dama. Pero regresando a la convención, entre la apertura y el cierre pasaron escasas dos horas, luego que despacharon a los noveles convencionales. Los incondicionales de siempre comenzaron la celebración y las felicitaciones al líder por tan “magnífico discurso y soberbia demostración de liderazgo”. Atrás quedaron las incógnitas y suspicacias de ¿por qué una convención en una finca de ganado? y ¿por qué el acto en un corral? Cualquier similitud entre los asistentes, y los animalitos que usualmente usan esas instalaciones. Es pura coincidencia dirían algunos. ¿Usted qué opina?