Mientras la más grande colección de leyendas del beisbol se congregaba en las posiciones desde las cuales iluminaron el juego, las estrellas de esta época se les fueron uniendo, y de ese modo, pasado y presente se encontraron en la catedral del beisbol, el Yankee Stadium, en su año de despedida.
Un total de 49 miembros del Salón de la Fama del beisbol estaban sobre el campo de juego y cada uno recibió una agitada ovación, sobre todo cuando se presentó a Willie Mays, Hank Aaron y Carl Ripken, pero la mayor demostración de afecto estaba reservada para los de casa.
Yogi Berra, White Ford, Rich Gossage y Reggie Jackson, cuatro de las luminarias que ayudaron a la construcción de la dinastía yankee, provocaron la más estruendosa aclamación en el histórico parque, que cerrará las puertas al final de esta campaña, después de acoger muchas de las más grandes gestas que el deporte en general ha tenido.
Y mientras la ceremonia avanzaba, hizo su aparición el controversial dueño de los Yanquis, George Steinbrenner, cuyo compromiso con el éxito lo convirtió en una de las más influyentes personalidades del beisbol. Fue aplaudido intensamente mientras se movilizaba a bordo de un carrito de golf, desde el cual entregó pelotas a Jackson, Berra, Gossage y Ford, quienes luego las lanzaron para dar por inaugurado el juego.
Sheryl Crow hizo una magistral interpretación del himno de Estados Unidos, y entonces, ya no se habló más. Se iniciaron las hostilidades con sus mejores exponentes de la actualidad sobre el campo de juego.
Atrás había quedado todo el glamour que se extendió a través de la Gran Manzana, que se vistió de gala para recibir a las súper estrellas del pasado y el presente. Avanzaron sobre la carpeta roja hacia el Yankee Stadium, y la casa que Babe Ruth ayudó a construir estaba aún más acicalada.
Anoche el beisbol entero llegó a su clímax, demostrando que goza de buena salud, y que aún cuando el negocio ha desplazado al deporte, su esencia se ha sabido conservar, mientras su magia permanece atenta para seguir seduciendo.