Querida Nicaragua: al parecer tus hijos estamos condenados a vivir en perpetua guerra. Primero fue la guerra de los setenta para tumbar a Somoza. Luego la guerra de la Contra para tumbar a los comandantes.
Cualquier persona sensata diría que dos guerras son más que suficientes para lograr la paz y el entendimiento y puedan los ciudadanos vivir en un clima propicio para la búsqueda de la felicidad.
Pero nosotros somos gentes muy especiales, acostumbradas a la guerra y sin aprecio por la paz que es muy aburrida, no tiene acción ni movimiento. Con nosotros toman forma real los versos de Rubén en su oda a Cristóforo Colombo: “Un desastroso espíritu posee tu tierra,/ donde la tribu unida blandió sus mazas,/ hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,/ se hieren y asesinan las mismas razas”.
No nos asesinamos con fusiles, ni con arma blanca, pero asesinamos la paz todos los días. Esa dulce y apacible señora representada por una blanca paloma con un ramito de olivo en el pico, no es bienvenida en el belicoso ambiente de la política nacional. Aquí no somos adversarios políticos que combatimos gallardamente por el poder, no somos hermanos de un mismo país que busca el bienestar general sin pensar en las ambiciones personales.
Somos más bien proclives al encontronazo feroz, a la bofetada, al grito, al insulto, a la pedrada, al odio y a la guerra.
Es triste pero así somos y por eso “estamos como estamos”, tal como dice nuestro querido amigo, el intelectual y lingüista Carlos Mántica Abaunza.
Qué bueno sería que en estas elecciones municipales la comuna de Managua tuviera a todos sus candidatos. Alexis Argüello por el danielismo, Eduardo Montealegre por los liberales, Mauricio Mendieta por los conservadores, Enrique Sáenz del MRS, Efraín Payán y cualquier otro, todos compitiendo limpia y caballerosamente por la Alcaldía de Managua, todos ofreciendo sus propios programas, sin engaños ni zancadillas, legalmente, sin imposiciones ni maldades.
Pero no es así. Los liberales han nominado al candidato que suponen ganador, Eduardo Montealegre. Y desde entonces se han enfilado los cañones en contra suya.
El relamido asunto de los Cenis, que en cualquier otro país hubiese pasado sin pena ni gloria, tal como ocurrió en la República Dominicana luego de una quiebra bancaria mucho más grande y complicada, aquí ha sido usado como instrumento politiquero para perjudicar a una serie de personas inocentes. El objetivo es acabar con el candidato ganador Montealegre, y pasarle cuentas al director del diario símbolo de la libertad de prensa en Nicaragua, el Diario del Mártir Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Ya se acusó a Montealegre y a 30 y tantas personas, pero como Montealegre es diputado y goza de inmunidad, ya andan rondando los proponentes de los clásicos cañonazos. La historia se repite casi siempre aunque en distintas circunstancias. Los cañonazos se insinúan fuertemente y al parecer es difícil resistirlos.
La batalla está en lo fino. Y no se usan armas convencionales, la lucha no es gallarda y caballeresca. Es una lucha sucia, llena de zancadillas, de trampas, de amenazas. En la lucha van jugando diputados, contralores, magistrados, fiscales, procuradores, jueces, y cualquier funcionario escogido para llevar a cabo determinada misión para ganar la batalla.
Actualmente estamos en lo más crudo de la perpetua guerra en que vivimos. Quiero Dios, que todo lo puede, apaciguarnos, hacernos reflexionar, hacernos pensar en Nicaragua, la Patria a la que decimos querer tanto.