“El genio es la respuesta antes de la pregunta”, así definía Robert Oppenheimer, más conocido como el padre de la bomba atómica, esa maravillosa y rara categoría del género humano. Daniel Ortega es la antítesis de esa magnífica definición, el Presidente de Nicaragua no posee ninguna respuesta para cualquiera que sea la pregunta. Sin embargo, apenas ganó las elecciones, con su notoria y agresiva mediocridad añejada por toda una vida de ignorancia voluntaria, preguntaba a gritos desde la Asamblea Nacional: ¿dónde está el genio?
¿Dónde está el genio que tiene la solución de los problemas de Nicaragua? clamaba Ortega chapaleando dentro del lodo de su miseria intelectual y exhibiendo la grotesca sonrisa que siempre fuerza cada vez que según él y sus serviles creen haber amedrentado al pueblo con sus amenazas o apabullado a la oposición con su “agudo” sarcasmo.
No se percató el dictadorzuelo que había sido él mismo quien durante 16 años se había autoproclamado como el único que podía convertir el agua en vino para salvar a Nicaragua de la tragedia neoliberal. En el mismo tiempo el pueblo hizo lo debido por salvarse de él derrotándolo en tres elecciones consecutivas. Pero nadie pudo evitar mientras tanto que diseminara la corrupción política y saboteara con asonadas terroristas el esfuerzo económico nacional.
Quienes conocen mejor a Ortega han señalado muy acertadamente que el único talento que posee consiste en delinquir y para eso no se necesita ir a la universidad o poseer ningún nivel de inteligencia, ni siquiera la supuesta astucia que le atribuyen.
Entre más grande la mentira más gente la cree, esa pareciera ser la apuesta de la propaganda neo-nazi-talibana impulsada por Rosario Murillo. Pero el mensaje arriba los pobres del mundo es muy largo y trillado. Rafael Trujillo, el sanguinario dictador de República Dominicana del siglo pasado, era más creativo y conciso, Dios y Trujillo rezaba su eslogan.
Es costumbre de los dictadores atiborrar de rótulos sus dominios. Antes del 79 la sonrisa Colgate de Somoza aparecía en muchos rótulos que curiosamente cubrían las mismas áreas donde hoy el presidente de los pobres posa sin su Mercedes Benz. Es curioso pero el Mercedes era también el vehículo favorito de Somoza y sus coroneles.
No se necesita ser un genio para empezar a resolver los graves problemas de Nicaragua, lo único que se requiere es tener la voluntad política para hacerlo, la capacidad intelectual para lograrlo y los principios democráticos para gobernar con justicia. No se puede gobernar solamente con eslóganes ha confirmado certeramente el Arzobispo de Granada, monseñor Bernardo Hombach, frente a la insensibilidad social del gobierno de Ortega.
La capacidad intelectual es abundante en Nicaragua y aunque los especialistas no están en el gobierno porfiadamente una y otra vez han elevado las propuestas de solución y una y otra vez han sido ignoradas por la pareja presidencial y la mayoría de los medios de comunicación.
Por ejemplo en marzo del 2007, en una comparecencia de televisión nacional, el licenciado Adolfo Acevedo y el doctor Carlos Tünnermann con las cifras del presupuesto en mano hacían una observación clave al Gobierno si de verdad éste quería empezar a resolver de manera estratégica la problemática nacional.
Con datos, informes, comparaciones, y una lista de ejemplos contundentes, ambos profesionales demostraron de forma abrumadora que el ridículo gasto del Gobierno destinado a la educación condenaba sin apelaciones al país y a su población a otro siglo de pobreza. Proponían además incrementar la partida para generar una posibilidad real de impulsar el desarrollo y de favorecer a los pobres en una de sus necesidades más sentidas y prioritarias.
La propuesta lógicamente no tuvo ninguna atención de parte del Presidente, pero contribuyó junto con otras igualmente ignoradas a descubrir el discurso hipócrita y el verdadero desprecio contra los pobres que realmente practica su gobierno.
Detrás de toda la fachada revolucionaria y de compromiso con el pueblo, al clan Ortega-Murillo sólo le interesa que Nicaragua siga siendo una inmensa maquila con analfabetas formales. Saben muy bien que la pobreza y la falta de educación son condiciones necesarias para la corrupción política y el lucro que ésta produce.
Demasiado latrocinio para ocultarlo con flores y rótulos. En medio del hambre el pueblo mira la opulencia en que viven, cómo prosperan sus adeptos, las violaciones a la Constitución y los robos descarados.
La experiencia histórica demuestra que tarde o temprano los pueblos dan cuenta de sus verdugos, pero no lo dejemos para mañana que nuestro futuro está en juego.