Al inicio, las miradas fueron para Babe Ruth, Lou Gerig, Carl Hubbel y Jimmy Foxx. Después la atención fue acaparada por Joe DiMaggio, Ted Williams, Bob Feller y Stan Musial, mientras Willie Mays, Mickey Mantle, Hank Aaron y Sandy Koufax se robaban el show en los años posteriores.
Luego se saltó a la era de Mike Schmidt, Reggie Jackson, Tom Seaver y Pete Rose, mientras los reflectores siguieron los pasos más adelante de Roger Clemens, Pedro Martínez, José Canseco y Cal Ripken, hasta llegar a la actual época del beisbol puntocom.
SIEMPRE ES IGUAL
Es decir, el beisbol siempre se las ha arreglado para renovarse y mantener su nivel más allá de nuestra identificación generacional con una época en particular. No creo que la calidad haya decaído. Ahí están las cifras que persisten y hasta se han elevado con o sin esteroides, con segregaciones o expansión de mercado.
Y asimismo, la atracción continúa. ¿Cómo se explica, entonces, que los estadios sigan llenos, que las ganancias de las Grandes Ligas se incrementen casi en proporción geométrica, al extremo que los peloteros no tienen necesidad de ir a jugar a las ligas del Caribe, como lo hacían antes, para poder enfrentar las necesidades de sus familias?
INDUSTRIA PRÓSPERA
Es ridículo escuchar que los grandes salarios han dañado el beisbol. Al contrario, es una industria tan próspera y bien administrada, que puede pagar esos millones a los peloteros. A quién no le gusta que le paguen lo mejor posible. Y lo más curioso es que peloteros del pasado sean los más críticos de los salarios y hasta ellos se vean beneficiados. “Gano más firmando autógrafos ahora, que lo que ganaba cuando jugaba”, dijo una vez Mantle.
El beisbol y todo su andamiaje viven su mejor época. Hay prosperidad porque ha sabido aprovechar al máximo las ventajas que le permite esta era dominada por los medios. Y hoy en el Yankee Stadium, sus principales figuras se reúnen para celebrarlo en el mejor escenario que ha existido.